El Extrugasa completó esa distancia en los últimos quince días, en los que ha tenido que jugar tres partidos fuera de casa en la otra punta del mapa de la Liga Femenina
27 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Un grupo de amigos llevan, prácticamente desde que se hizo público el calendario de la Liga Femenina, intentando ponerse de acuerdo para decidir los dos desplazamientos en los que acompañarán al Extrugasa. Hay unanimidad en la primera elección: Salamanca, por su gran ambiente tanto dentro pabellón, como fuera de él. Los problemas llegan cuando se busca el segundo objetivo. Las distancias se hacen enormes desde Vilagarcía y la opción más cercana es la de Rivas, descartada por uno de sus ambientes (el de fuera del pabellón, no el de dentro). Así las cosas, la posibilidad que está más cerca de llegar a buen puerto es la de Pamplona, aunque sea el último encuentro del campeonato liguero.
El mapa de la Liga Femenina 2010-11 está totalmente desequilibrado hacia la derecha. Salvo Vigo y Salamanca, la mayoría de los rivales del Extrugasa están a una distancia lo suficientemente amplia como para convertir cada desplazamiento en una tortura. Un via crucis que se ha visto amplificado en el tramo inicial de la competición, en el que el conjunto vilagarciano ha tenido que desplazarse a Girona, La Seu D'Urgell y Sóller en apenas quince días. Un maratón de algo más de seis mil kilómetros.
Para ir haciendo boca, el Extrugasa comenzó su serie de desplazamientos viajando a Girona. Y claro, como la economía manda, el desplazamiento se hizo en avión sí, pero embarcando en el aeropuerto Sa Carneiro. Es decir, doscientos kilómetros por carretera hasta Oporto, tanto a la ida como a la vuelta, en una situación que se repetiría en el desplazamiento a Sóller del pasado fin de semana.
Para viajar a La Seu la expedición partió del aeropuerto de Santiago en un pequeño lujo, pero obligado por lo que les esperaba después. Porque desde el aeropuerto de Barcelona hasta la localidad andorrana les esperaban a las jugadoras y al cuerpo técnico otros 120 kilómetros por carretera.
Al margen de la rutina y de las incomodidades -las jugadoras más altas tienen sus dificultades para embutirse en los asientos de los aviones- unos desplazamientos tan largos obligan a que sean de tres días así que en los últimos quince días, los miembros del Extrugasa durmieron nueve noches fuera de casa.
Tito Díaz es muy gráfico. «La verdad es que el sábado pasado hasta yo estaba algo perdido», reconoce el entrenador del Extrugasa. El técnico agradece que la vorágine inicial se haya acabado. Sobre todo para poder tener una mínima regularidad en los entrenamientos. Aunque el lunes dio descanso, a fin de cuentas la expedición había llegado a Vilagarcía a las ocho de la tarde del domingo. Este fin de semana, la plantilla vilagarciana podrá olvidarse del autobús, porque su partido del sábado será en Fontecarmoa contra el Hondarribia.
Pero el siguiente desplazamiento será a Zaragoza.