El arte de Elías en el círculo polar

Serxio González serxio.gonzalez@lavoz.es

AROUSA

La obra del escultor Elías Cochón Rey (Vilagarcía, 1966) continúa desarrollándose en el tiempo, pero sobre todo en el espacio. En esta ocasión, dos de sus creaciones permanecen expuestas allá donde la luz y la oscuridad se funden en un eterno crepúsculo. Muy cerca del círculo polar, en la Laponia sueca, se encuentra la pequeña población de Gällivare. Su museo alberga hasta el próximo miércoles la muestra colectiva Calor y color mediterráneo en el Ártico , una iniciativa en la que participan 34 artistas de Italia, Argelia, Portugal y España, siendo Elías el único representante de Galicia en este intento por hacer volar un soplo creativo del cálido sur en el lejano y gélido norte ahora que el otoño ha llegado.

Las obras que han viajado al Ártico pertenecen a una serie de tierras en las que Elías evita la intervención de cualquier pigmento. Todo en ellas son colores naturales. El baile de circonios, arenas y óxidos compone dos ensamblajes titulados Brétema y Mediterranean sun dance , bruma y danza mediterránea del sol, en perfecto gallego e inglés, ahora que el multilingüismo tanto parece obsesionar a quienes tienen en sus manos buena parte de nuestro futuro colectivo. Nunca ha sido el creador vilagarciano amigo de artificios vanos, pero es en este instante, después de tanto tiempo, cuando la seducción de los materiales en su estado natural prende por completo en su trabajo.

La incursión polar finalizará en cuestión de días, pero no así la vocación del escultor arousano por abrir fronteras a la exposición de su labor creativa. La agenda de Elías Rey guarda una fecha para acudir a Italia y es probable, también, que retorne a Alemania tras la muestra colectiva en la que colaboró el año pasado junto al pintor vilagarciano Juan Moreno Badía. Entonces se trataba de conmemorar el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Las sensaciones germanas siguen siendo buenas y aquel primer paso puede fraguar en breve en algo más. Antes de que el invierno llegue. Entretanto, lo importante es Gällivare y la tregua de color que Elías y sus compañeros defienden todavía, antes de que su cielo de plomo lo cubra todo de blanco.