Cuando hace 25 años se abrió al tráfico el puente de A Illa, A Illa se unió al continente, pero también el continente se unió a A Illa. Los isleños ganaron la luz, el agua o el poder ir al médico sin necesidad de hacer un viaje en motora. Habrá quien diga que hasta la civilización. El continente ganó las mejores playas de la ría, el parque natural de O Carreirón o poder pasear por O Cantiño sin necesidad de hacer una excursión. Habrá quien diga que hasta la autenticidad de un pueblo tan especial y mágico. El puente es uno de los acontecimientos más importantes en la historia moderna de O Salnés. No solo porque supuso un hito para la ingeniería. Y es que el de A Illa fue un viaducto único en su época por sus características y sus dos kilómetros de longitud. Pero a mí me parece que no hay hito mayor que mejorar la vida de 5.000 personas. Yo que solo llevo 15 años en Arousa no me imagino la ría sin el puente. Sin poder tomar un pulpo en O Cantiño. Sin tumbarme en una calita desierta a tomar el sol. Sin poder tomarme un vino en Vilagarcía con mis muchos amigos isleños. O sin la majestuosa estampa del viaducto en el mágico atardecer arousano. Algún día, otro puente nos unirá con el Barbanza además del de Catoira. Ese día, Arousa será una sola ciudad. Al tiempo.