Acero inolvidable

AROUSA

Quién no ha tropezado alguna vez con un chucho de mirada estrábica, mandíbula inferior que se come la superior, colmillos revirados, una oreja apuntando a Ribadeo y la otra a Albacete. Un can con una madre y nueve o diez padres distintos, que conviene no vacilar porque tiene pinta de engancharte la entrepierna y dejarte sin nietos. El heavy es como uno de esos perros. Y Lemmy y su banda figuran en el libro de familia como progenitores, junto a varios otros candidatos, del invento. Nada que ver con esos grupetes que arrastran su angustia por los escenarios y tanto se prodigan por estos lares. Pequeños miserables que lloran lo dura que es la vida y pueblan los festivales en los que la cosa pública sigue dejándose toneladas de cuartos, funcionen o no, vayan a verlos cuatro pinzos o cincuenta mangantes. Aquí no, colega. Esto es un trallazo para fliparlo. Esta noche es nuestra. Mañana ya vendrán los de siempre a demostrarnos lo chungo que es todo. Motörhead descargaron el martes en Vigo ante cuatro mil fenómenos, parte de ese público metaleiro tan maltratado en Galicia. Allá nos fuimos, con Pablo y Javi, en un Ibiza. Qué remedio. Los pregoneros del Auga pidieron el año pasado un bolo heavy para Vilagarcía. Algo me dice que será el de Gisela. Fijo que sí.