Filosofía

AROUSA

Tuve con la filosofía un auténtico amor a primera vista. Desde la primera clase con la profesora Arias. Y eso que no era una mujer que mostrase mucha pasión por la materia. Pero a mí me dio igual. Me quedé fascinado con los pensamientos de tanto sabio. Filosofía es una hermosísima palabra griega que significa amor por la sabiduría. Y eso fue lo que en mí despertaron aquellas clases. Amor por la sabiduría. Fascinación por el «yo solo sé que no sé nada» de Sócrates. Por el nihilismo existencialista y ciertamente atormentado de Nietzsche. Por la idea del Estado ideal de Platón. Por el método deductivo de Descartes o por la ponderación de Aristóteles y su término medio. Cómo no fascinarse. En estos nombres y en algunos otros más se resumen los desvelos de 40.000 años de humanidad. La duda y la insignificancia humana. La negación de todo ante la falta de respuestas. El dolor de la vida. La utopía de crear un sistema político justo, eficaz y que no tienda a la corrupción y la ineficacia. El racionalismo como vehículo para intentar entender este mar de dudas, mismo para tratar de demostrar la existencia de Dios. O el desapasionamiento para acceder a la justicia. ¿Dónde están hoy en día los filósofos? ¿Y ahora en qué piensan? En nada, como el resto. Así nos va.