Confieso que no me van mucho los números. Era de los malos en matemáticas. Y tampoco soy un apasionado de la economía. Me pierdo entre tanto balance, tantos índices de aquí y de allá, tantos diferenciales, tanto capital riesgo y qué sé yo qué más. A mí me suena todo a camelo para liarnos la vida a los que vivimos de currar. Para engañarnos. Para que digamos que chove cando mexan por nós. 2009 fue año de crisis mundial. Todo ha ido tan tan mal que los gobiernos de todo el mundo occidental han tomado medidas drásticas. Y, sin embargo, el año pasado creció el número de ricos no solo en todo el mundo, sino también en España. En la España de los casi cinco millones de parados, de la recesión, de los sueldos rebajados y de las pensiones congeladas. ¿Cómo se come eso? Pues por el rollo ese de la macroeconomía y de la ingeniería financiera y de los cuentos chinos que se gastan los que no viven del sudor de su frente, sino del de la nuestra. Soy malo en mates. Y no soy economista, pero esta paradoja la explico yo en un plis. El mundo está en crisis. Pero no es una crisis económica. Es una crisis de sistema, de valores. De dignidad. Hay dinero. Más que nunca. Pero cada vez está en menos manos. El neo capitalismo es una jetada. Y una esclavitud.