Tengo por costumbre no contestar a las insidias que publica en los medios de comunicación cualquier Chiquilicuatre , pero, por alusiones y sin que sirva de precedente, en vuestro casi vais a tener el honor de ser atendidos.
Se llamaba Chiquilicuatre aquel cantante que representó a España en Eurovisión, hizo el ridículo más absoluto y perdió las votaciones, lo mismo que te ha ocurrido a ti, Álvaro Paz, pero con la diferencia de que tras Eurovisión se acabó Chiquilicuatre y al señor Paz lo seguimos disfrutando.
De todos los líos y problemas en que nos has metido a los socios del Liceo Casino no es Alfonso Saavedra el que tiene que dar explicaciones, eres tú. Como ya es sabido tu gestión al frente del Casino ha sido absolutamente lamentable: has destruido la mayor parte de las actividades sociales, has hecho unas elecciones con insultos hacia Alfonso Saavedra y su familia (a los medios me remito), has intentado retirarnos la palabra a los socios en las asambleas, has tratado de inventar la dictadura liberal, que son dos palabras antitéticas de las que has demostrado tener mucho de la primera y nada de la segunda. Tu prepotencia y afán de protagonismo te han llevado a pensar que puedes estar por encima de la ley, y por ello precisamente has cometido una ilegalidad incumpliendo los estatutos de la sociedad. Y no lo digo yo, te lo dice la sentencia judicial por la que fue anulada la asamblea anterior a las elecciones, condenando a la sociedad a pagar las costas, que ascienden a unos 3.000 euros. Queda claro que no somos tres socios los que perjudicamos al Liceo, es tu ineptitud. Y tienes suerte de que ningún socio te exija responsabilidades por semejante chulería personal.
¡Que no te enteras, chaval! Mientes más que hablas cuando afirmas en tu escrito que el actual presidente mantiene una causa contra una concreta licencia de construcción, y te reto a que lo demuestres. Las mentiras tienen las patas cortas. Por otra parte, quiero que sepas que Alfonso Saavedra no necesita mi ayuda para defenderse de tipos como tú, simplemente ofende quien puede, no quien quiere, y tú no puedes con Alfonso.
Alfonso y su junta directiva, a la que has descalificado, están intentando arreglar el desaguisado que has dejado en la sociedad, y lo están haciendo con una ética intachable, con mucha discreción y, sobre todo, con mucho trabajo. Esas tres cualidades integran un concepto que tú desconoces: valor. Me voy a despedir deseándote lo mismo que le deseas a Alfonso en tu escrito, pero en términos marineros, que es como te gusta: «Iza las velas, vete ya con viento fresco a la farola de enfrente y déjanos en Paz», señor Paz.