Hay erratas que dan en el clavo. Que no son un error siéndolo. Porque con su supuesta equivocación explican con mayor certeza aquello a lo que se refieren. El ejemplo más claro que recuerdo es aquel titular en el que por error -o por acierto genial más bien- mi compañera Bea Costa definió sin querer el gobierno de O Grove como el cuatriparto cuando quería escribir el cuatripartito. El tiempo le dio la razón. Y aquello fue un mal parto que ya está roto. Y ahora son tripartito. ¿O triparto? Se verá. Si yo hoy dijera que el Arousa, el club de fútbol de Vilagarcía, está al borde del «abismu» también tendría razón errando. Porque muchos de los males que aquejan al Arousa están resumidos en la u que sus directivos borran del nombre para convertirlo en el Arosa. Un topónimo que ya nadie usa y cuya voluntad en utilizarlo es puro capricho de unos señores que se creen los dueños de una institución que es de todos. Un día les dije que su empeño en borrar la u les traería mala suerte. Y miren ahora dónde está el pobre Arousa. A puntito de desaparecer. Ahogado en las deudas. Si lo hace, resurgirá. Y esperemos que lo haga aprendiendo de sus errores. Abriéndose a la sociedad. Sin ser un cortijo de cuatro. Con su u tantos años ausente. Y con la dignidad renovada.