Los dos policías locales condecorados por su actuación en el incendio de Beiramar quieren compartir sus medallas con todos los vecinos que colaboraron en el rescate
21 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Francisco Candal y José Ángel Soutullo estaban de guardia el 19 de marzo del 2009, el día en que un terrible incendio dejó atrapados a catorce vecinos dentro de un edificio de Beiramar. «Estábamos en A Toxa -recuerdan-, haciendo un control de collareiras, y ya vimos una columna de humo. Nos llamaron de inmediato y nos dijeron que era grave. Llegamos enseguida al edificio y ya estaban allí los vecinos y el concejal de Seguridad Ciudadana ayudando a la gente».
Una mujer desesperada ya había lanzado a sus dos nietos por la ventana, y una mujer los recogió abajo. Pero la vecina seguía atrapada, y José Ángel Soutullo, junto con Fran Meis, que vivía al lado, rescataron a la mujer por el balcón, con grave riesgo para la vida de los tres. Antes, habían intentado entrar en el edificio, porque la gente les decía que había niños dentro. Pero el fuego se había originado abajo y las escaleras hacían efecto chimenea. Llegaron al primero y José Ángel no pudo seguir, por lo que decidió volver a la calle para rescatar a la abuela de los niños desde fuera. Fran Candal sí subió hasta arriba. «Fui llamando puerta por puerta; alguna la abrí de una patada. En el tercero rompí el cristal de la ventana del patio de luces, y ya se despejó un poco el humo; seguí hasta el quinto, que fue donde me contestaron. Había una pareja, y les dije que me siguieran, que estuvieran tranquilos. Mojamos unas toallas y salimos, y ya en la puerta escuché unos maullidos. Le pregunté si tenían un gato y dijeron que sí, que estaba en el armario. Fui a buscarlo y lo bajamos también».
Volvieron a la calle y vieron que ya tenían refuerzos, dos agentes de la Guardia Civil y los de Protección Civil. «Fredi Bea insistía en que había niños dentro, y volvimos». Primero rescataron a un niño sudamericano, luego a otra pareja, y en total, catorce personas. «Nos iban mojando con una manguera, porque no se aguantaba del calor. El pasamanos era de madera y se había derretido; yo le pasé la mano y me quemé», recuerda Soutullo.
Ni pensaron en el miedo
Ahora, un año después del suceso, echan la vista atrás y Fran asegura que no pasó miedo, que ni se lo planteó. José Ángel reconoce que «al principio sí lo pasé, cuando subí al primer piso y vi que no podía seguir. Era un infierno, había mucho humo y pensé que iba a morir allí. Cuando llegué a la calle creí que me tenía que tirar al suelo». Pero no lo hizo. Lo que sí hizo fue rescatar a una mujer por el balcón. «Después volví a sentir miedo por Fran, porque no salía». «Eso estuvo bien», dice su compañero sonriendo.
Su heroica intervención les valió la condecoración que van a recibir a petición del Concello de O Grove. Es el segundo año que la Xunta otorga la placa individual al mérito policial, que le será entregada a Francisco Candal, y la medalla al mérito policial, que recaerá en José Ángel Soutullo. Ellos, aunque reconocen que fue un rescate muy difícil y que llegaron a poner en riesgo sus vidas, aseguran que no fue el peor momento de su carrera. Fran, que es de A Coruña, fue primero Guardia Civil, pero estaba en Vic, y entre que la calidad de vida es mejor en la policía y que quería volver a Galicia, cambió de cuerpo. «Tres años después hubo un atentado de ETA en el cuartel de Vic y murieron catorce personas. En ese momento me arrepentí; pensé que tendría que haber estado allí para ayudar». Pero encontró plaza en la Policía Local de O Grove y en ella lleva veinte años. Está encantado. «Me siento de O Grove; este pueblo es estupendo». Con todo, pasó por momentos mucho más difíciles que los del incendio. «Cuando hay muertos; un accidente en el que falleció una pareja, y hace seis años, un niño atropellado por el bus escolar; murió en el acto, y su madre estaba allí; fue muy duro».
José Ángel lo tiene claro. Cuando peor lo pasa es cuando hay niños. «Quizás porque tengo una de siete años». Estuvo ocho años en Caldas, pero como es de Portonovo, hace seis que pidió el traslado. Y ya es un meco más.