La Denominación de Origen Rías Baixas lleva aplicando el método adaptado desde 1996 para combatir la aparición y los efectos negativos de este hongo de la vid
16 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El sector vitivinícola sigue abriéndose a los adelantos aplicados, tanto técnicos de maquinaria como científicos y de investigación. El objetivo siempre es el mismo: mejorar el proceso completo, desde la producción en viñedo hasta la comercialización al consumidor final. Parece claro que toda ayuda es poca para ser más competitivo en la jungla en la que se ha convertido el mercado mundial de caldos.
La Denominación de Origen Rías Baixas introdujo en 1996 un nuevo método de control y lucha contra el mildiu, una enfermedad producida por un hongo que afecta a la vid y los racimos y que por desgracia es mucho más común de lo deseable. Hasta ese momento dominaba el sistema conocido como «estrategia clásica», que fue compartiendo cada vez más protagonismo con la Lucha Oportuna (LO) y después con la Lucha Oportuna Aplicada (LOA).
Los expertos en la materia explicitan que la lucha contra el mildiu de la vid exige la aplicación de fungicidas a intervalos regulares en la mayoría de los viñedos del hemisferio norte. En Galicia, donde la D.O. Rías Baixas es uno de los auténticos pulmones del sector, con el albariño como variedad dominante, este mal se convierte en uno de los grandes caballos de batalla para los profesionales del sector y por tanto todo avance es poco para combatirlo.
En la aplicación de la LO y la LOA al trabajo de campo influyen parámetros climáticos que a la postre se convierten en claves para la obtención de resultados. La primera intervención no se realiza hasta que aparece la primera mancha de aceite y se registran condiciones para la esporulación (formación de esporas) y para la infección secundaria. Las condiciones para esa esporulación son la oscuridad, una temperatura media superior a los 13 grados centígrados y una humedad relativa superior a valores de 92% o 95%, al menos durante cuatro horas.
Hasta llegar a la apuesta decidida por la LOA se fueron descartando determinados tratamientos por no observar signos de infección o por no observarse esporulación.
Así, el protocolo que se emplea desde mediados de la pasada década en los viñedos de Rías Baixas se basa en que durante el otoño se recogen las hojas lo más jóvenes posibles en los diferentes viñedos, que en la franja de la denominación de origen son cinco con una superficie de cultivo que ronda las 1.500 hectáreas de viñedo. Una vez recogidas, se observan en la lupa binocular y se determina la presencia de las oosporas (un tipo de espora). Se construyen sacos de malla que se rellenan con una mezcla de tierra y arena. Se entierran esos sacos en un viñedo y se recubre con una fina capa de tierra de unos dos centímetros. En la primavera se empiezan a retirar, los trozos de hoja con oosporas se lavan, se introducen en una cámara húmeda, se incuban a 20 grados centígrados en oscuridad y tras 24 horas se retiran para ver si han germinado. Esos ensayos se repiten después, a tiempo real, al aire libre.
Cosechas por años
La primera campaña en la que se aplicó este nuevo método fue la de 1996. Aquel año se registraron lluvias abundantes, temperaturas suaves y el 2 de mayo se hizo la primera intervención del ciclo. No se superó el 10% de pérdida de cosecha, ni en la LOA ni en el método clásico.
En 1997 y 1998 los resultados fueron similares, siendo la campaña del año siguiente (1999) intensa pero con grandes pérdidas. Por contra, en los resultados cosechados en 2000, esas pérdidas de la cosecha final se limitaron, en ambos métodos, a racimos aislados.
Y llegó 2001. En aquel momento se registró la primera mancha el 24 de abril, semanas antes que la media durante todo el período estudiado. Se recuerda como un «año excepcional» pero las infecciones no fueron relevantes.
En 2002, se registró un 100% de afectación en los racimos de referencia, aunque la agresividad no fue escandalosa. En 2003 sí lo fue y al año siguiente (2004) volvió a fluctuar hasta quedar por debajo del 20%. 2005 y 2006 fueron tranquilos pero en 2007 las pérdidas fueron elevadísimas. Por último, en 2008, la virulencia fue menor y los resultados menos importantes.