El enigma del tercer tripulante

AROUSA

Nadie dijo que que Manuel Mouta Baúlo iba en una lancha que se hundió en el 2004 en extrañas circunstancias, pero ahora su familia quiere que se le declare fallecido

27 abr 2010 . Actualizado a las 10:39 h.

El 12 de octubre del 2004 se tuvo constancia de un naufragio a 15 millas de la isla de Sálvora. En realidad el suceso había ocurrido días antes, pero no se confirmó hasta que apareció un cadáver en cabo Ortegal. Las corrientes marinas y el fuerte temporal que aquellos días acotaba el mar había emujado los restos mortales hasta el norte de Galicia. El fallecido era el cambadés José Carlos Domínguez Castro, que viajaba en una planeadora en compañía de otro tripulante cuando un golpe de mar provocó el naufragio.

Sobre aquel suceso planearon sospechas que todavía hoy, seis años después, permanecen sin aclarar. Los tripulantes llevaban una potente planeadora de diez metros de eslora y tres motores fueraborda que acababan de comprar en Inglaterra. La mujer del fallecido ni siquiera sabía que su marido había emprendido ese viaje, y sobre la identidad de su acompañante, se cree que se trataba de Óscar Rodríguez Rey, un vecino de Bueu cuya desaparición fue denunciada días después. Al principio se barajó incluso la posibilidad de que navegase una tercera persona en la lancha, pero ese punto nunca pudo ser confirmado. Los testigos no estaban en disposición de hacerlo. Uno murió ahogado, y el otro estaba desaparecido.

Ahora, seis años después del suceso, el juzgado número 1 de Cambados inició los trámites para la declaración de fallecimiento de Manuel Mouta Baúlo, un vecino de Cambados de 52 años que, como se indica en la notificación judicial publicada ayer en el Boletín Oficial del Estado, «se ausentó de su último domicilio en A Veiga-Corvillón-Cambados, no teniéndose noticias de él desde el 6 o el 7 de octubre de 2004, ignorándose su paradero».

El pésame y la mochila

El expediente se puso en marcha a instancia del fiscal y de María José Díaz Ruiz, esposa del desaparecido. En abril del 2007, la mujer, que llevaba unos años separada del cambadés, con quien tuvo dos hijas, vivía en Cáceres. Desde allí hizo un llamamiento a los medios de comunicación para que se impulsara la investigación de lo ocurrido aquel mes de octubre del 2004, ya que al no confirmarse el fallecimiento de su marido, ni ella ni sus hijas tenían siquiera derecho a una pensión.

La mujer desveló que Manuel Mouta era el tercer tripulante de aquella embarcación de la que siempre se sospechó que había sido adquirida para actividades de narcotráfico. Esas sospechas se acrecientan ahora sabiendo que Mouta Baúlo ya había sido relacionado años antes con un alijo de hachís en Portugal. Además su esposa reconocía que se había separado de él porque no le gustaba «el tipo de trabajo» que desempeñaba ni el ambiente en el que se desonvolvía. Supuestamente, había dejado esas actividades peligrosas. O al menos a su familia le dijo que se había enrolado en un atunero.

Que en Cambados ya había la sospecha de que navegaba con el fallecido quedó probado porque -como aseguró la mujer- más de uno se presentó en la casa de Manuel Mouta para darle el pésame a la familia cuando fue el naufragio. Pero además, meses después, un marinero halló cerca de Corcubión una mochila en la que apareció medio podrida la documentación de Mouta y parte de su ropa. «La Guardia Civil me dijo que no era determinante -manifestaba hace tres años su mujer en un medio de comunicación extremeño-, porque se han dado casos de gente, entre ellos narcotraficantes, que quieren desaparecer y tiran al mar su documentación y su ropa para que los den por muertos».

El deseo de la esposa de ser declarada viuda para que sus hijas fueran huérfanas y obtener así lo que les corresponde sacó a la luz un secreto que en el 2004 se ocultó con celo; el de la identidad del supuesto tercer tripulante de aquella sospechosa embarcación.