Durante el día de ayer, lunes de Pascua, las carreteras de toda la comarca presentaron una estampa poco habitual. Centenares de personas, especialmente jóvenes, dejaron el coche en casa y las recorrieron a pie hasta el monasterio de Armenteira. Tras alcanzar la cima y dejando decenas de kilómetros atrás, los fieles se reunieron para rendir culto a la Virxe das Cabezas. Los actos religiosos protagonizaron una jornada en la que las oraciones y los ruegos inundaron la iglesia. Durante toda la mañana se celebraron misas y, poco después del mediodía, salió la esperada procesión. En el exterior, además de la devoción, los comerciantes hicieron su agosto con la venta de velas. El ocio y los festejos se hicieron a lo largo del día un hueco en los alrededores del monasterio. Y es que esta tradicional romería es también disfrute al aire libre y comida campestre. Una doble vertiente que anima cada año a más vecinos a darse la caminata y disfrutar de las celebraciones que se desarrollan en la cima.
Puestos de mercadillo, pulpeiras y bares de la zona se dispusieron en el entorno para cumplir con los caprichos de muchos de los visitantes. Los embutidos y el queso fueron los productos más demandados. Porque la tradición también dicta que, tras los rezos y las misas, hay que darle un gusto al cuerpo con una buena tapa. Hubo, incluso, quien después de llenar bien el estómago aprovechó las grandes sombras que ofrecen los espacios verdes para dormir una buena siesta.
Los fieles madrugaron para comenzar la tradicional marcha. El pistoletazo de salida se dio a las diez y media de la mañana en los molinos de Barrantes y una hora más tarde en los de O Serén. A la una tuvo lugar la eucaristía, en la que se dieron cita miles centenares de fieles, y tras la que se celebró una comida en una carpa al lado del colegio, donde los vecinos y caminantes repusieron fuerzas alrededor de la mesa. El menú incluyó empanada, pulpo á feira, carne ó caldeiro, postres y vino. Otros se decidieron ayer por subir a Armenteira con comida casera, pero siempre para disfrutar del descanso al aire libre. La recuperación del monasterio se debe a la Diputación y durante las celebraciones del día de ayer se pudo a ver a su presidente, Rafael Louzán, y a numerosos alcaldes de la comarca arousana como el de Cambados, Luis Aragunde, Ribadumia Salomé Peña y el anfitrión, José Luis Pérez. Rememorar la ruta que antiguamente hacían los romeros desde Barrantes es el objetivo que reunió a centenares de vecinos y visitantes.
Muchos de los peregrinos subieron al monasterio de Armenteira para pedir la protección de la Virgen contra los males de cabeza. Y es que la curación de migrañas o la ayuda en los temidos exámenes de los estudiantes son algunos de los poderes que se les atribuyen a esta santa. Por ello, como marca la tradición, las ofrendas y oraciones deben realizarse con una imagen de cera en la cabeza. Esta es la forma de pedir el favor de la Virgen y de dar las gracias también por todo lo concedido. Ningún devoto quiso quedarse sin rezar su plegaria. Las formas que se encontraban fuera del templo a la venta eran tan diversas que los fieles podían encontrar el presente que se adecuara exactamente a su petición. Rosca y moscatel en Vilamayor. Las tradiciones, efectivamente, son para cumplirlas. El domingo, el de Pascua, se llevó a cabo otra en Vilamayor, Vilanova. Tras el oficio religioso, todo el mundo se agolpó alrededor de la iglesia. Las bombas de palenque dieron paso al reparto popular de la esperada rosca y el moscatel. Niños y grandes hicieron cola y esperaron pacientemente a que les llegase su turno de saborear uno de los últimos regustos de la Semana Santa.