Un cuento sin final feliz en A Illa

AROUSA

La estructura parcelaria del Concello impidió el asentamiento de una delegación de la Ciudad de los Muchachos que pretendía ayudar a los jóvenes con problemas

28 mar 2010 . Actualizado a las 03:00 h.

El 8 de agosto del año 2004 una delegación de la Ciudad de los Muchachos de Bemposta se acercó a disfrutar de la Festa das Tradicións Mariñeiras que se celebraba en A Illa. Su presencia no era casual. Aunque venían a disfrutar de la fiesta, en su cartera traían también un ambicioso proyecto. Buscaban un local donde instalar una delegación que trabajase en la detección y captación de muchachos con problemas de la comarca de Arousa.

El padre Silva, responsable de la comunidad de Bemposta, se puso entonces en contacto con el alcalde isleño, Manuel Vázquez. Su idea era, teniendo en cuenta la carencia de suelo de A Illa, la construcción de unas casetas en las que se establecería una especie de campamentos de vacaciones para después conseguir un local en el que al menos una persona pudiese trabajar de manera permanente.

Pero, ¿qué llevó al Padre Silva a pensar en A Illa como sede de sus proyectos para ayudar a la infancia? Las peculiaridades del municipio y el hecho de que se encontrara en una comarca con unas condiciones socioeconómicas muy particulares fueron los argumentos con los que aclaró su interés.

Pero la puesta en marcha de esta ambiciosa iniciativa no fue capaz de sortear la dificultad de encontrar terreno municipal en el término de A Illa. Manuel Vázquez se interesó en la propuesta pero anunció días después de la visita del Padre Silva que, pesar de que la idea era más que interesante, la concentración parcelaria del territorio que representa hacía imposible la consecución del proyecto.

El fin de un sueño

Hace más de medio siglo empezó a instalarse en Ourense la Ciudad de los Muchachos. Suponía la materialización del sueño del padre Silva, un sacerdote que quería crear, a su medida, un mundo mejor. El objetivo de la asociación que constituyó, según dicen los estatutos de esta, era asistir docente, espiritual y materialmente a jóvenes necesitados. Desde entonces pasaron por Bemposta alrededor de 50.000 niños. Muchos de ellos llegaron de otros países, sobretodo de Latinoamérica, y pasaron a formar parte de la ciudadanía de Bemposta.

En diciembre del año 2006 el sacerdote abandonó el trabajo social con menores para promover, junto a una empresa vasca, una urbanización de viviendas sobre el terreno de la Ciudad de los Muchachos. Entre sus proyectos estaba la creación de una facultad de periodismo o reflotar la escuela internacional de circo y la de imagen y sonido. A día de hoy todavía no se ha dado luz verde a la realización de la mayoría de estos proyectos.

Atrás queda el cierre de la escuela, el despido de los profesores y el desalojo de los niños que allí residían.

Otro mundo

Visitar hace algunas década la Ciudad de los Muchachos suponía casi un viaje a otro mundo. Había una escuela, un hospital, una capilla, una carpintería, una gasolinera y hasta la industria que mantuvo económicamente la Ciudad de los Muchachos durante toda su historia.

Uno de sus rasgos esenciales conocidos era su moneda, la corona emitida por el Banco de Bemposta como única divisa válida en la ciudad.

De Bemposta salieron nombres importantes del espectáculo como Jesús Silva González, Suso Clown, que comparte con el fundador nombre y apellido. Como sobrino suyo, mamó la profesión en el circo de la Ciudad de los Muchachos.

Algo tenía que tener aquella escuela de las acrobacias porque Silva acabó recibiendo el Premio Nacional de Circo que le concedió el Ministerio de Cultura en el año 2003. Más famoso por asomarse durante años a la televisión, es Julio Sabala. Él, que ha sido también Julio Iglesias o Michael Jackson, forjó su versatilidad de imitador bajo la carpa de Bemposta.

El circo debutó en Barcelona en el año 1996 y giró por más de 85 países de los cinco continentes. El espectáculo siempre llegaba a su fin con una pirámide humana de niños vestidos de arlequín. Era lo que consideraron una llamada a la cooperación y a la paz.

Además de la parte artística, en Bemposta se construyó una Escuela Superior de Imagen y Sonido. Po ella pasaron centenares de profesionales que ahora trabajan en medios de comunicación de todo el país. El centro educativo gestó una televisión local propia, donde se iniciaron periodistas y técnicos.

La colectividad que allí residía se definía a sí misma como «una república gobernada por jóvenes de las más diversas procedencias». Sus habitantes eran ciudadanos iguales y organizaban ellos mismos sus actividades en el Ayuntamiento, industria y finanzas». Todos los días se reunían en asamblea para analizar los acontecimientos del día y programar la jornada del siguiente.

Por desgracia, Bemposta se convirtió en sus últimos días de vida en protagonista de conflictos urbanísticos que el Padre Silva argumentó que se llevaban a cabo «para poder reflotar de algún modo la ciudad de Bemposta». Todavía continúa pendiente el deseo de muchos jóvenes de volver a habitar en un lugar como La Ciudad de los Muchachos.