No soy de los que están en contra de que haya cámaras para vigilar las calles o las carreteras. Para mí, los que se oponen a que la tecnología esté al servicio de la seguridad vial o ciudadana son un poco cómo los que no quieren que el cuatro árbitro en el fútbol pueda ayudar a tomar decisiones mirando la repetición de la jugada en un televisor. Así que no me parece mal que el Concello de Vilagarcía haya puesto cámaras en los semáforos de algunas calles. El que se salta un semáforo en rojo o hace alguna otra cafrada al volante ya sabe a lo que se expone y hemos demostrado ampliamente que solo conducimos como Dios manda cuando nos multan. Nos duele más el bolsillo que las heridas profundas que abre a veces la carretera. Con lo que no estoy de acuerdo es con que ni se avise primero de la puesta en marcha de las camaritas y con que no se señalicen debidamente los viales en los que se han instalado estos dispositivos fijos. Igual que ocurre con los radares en carreteras y autopistas. No hacerlo es tener más ganas de hacer caja que de mejorar y hacer más seguro el tráfico. Y ya puestos, podrían poner cámaras para dar cañita a esa gente a la que le da lo mismo aparcar que tirar el coche, porque lo dejan en doble fila o en cualquier sitio.