Un clan con voluntad de hierro

AROUSA

Hace 22 años que Andrés y Fina regresaron de Barcelona para montar un taller en el que fabricaban portales y que han convertido en una gran empresa

28 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Andrés García estudió Estructuras metálicas y Calderería y con esa profesión se ganó la vida durante veinte años por distintos puntos de España y de Europa. Donde más tiempo pasó fue en Barcelona. Y fue allí, con un amigo, donde comenzó a germinar la idea de regresar. Fue en febrero de 1988 cuando por fin se decidieron y, como socios, montaron una nave en Valga, en la carretera que conduce a Vilagarcía. Esa sociedad tardaría año y medio en deshacerse. Comenzaba entonces la andadura de lo que hoy es Gama e Hijos.

«Le pedimos al banco cinco millones y comenzamos mi mujer y yo», recuerda Andrés. Dos años después ya pudieron cambiar de nave y se trasladaron al lugar que ocupa hoy la firma en Baño. «Aquí empezamos con 650 metros cuadrados y con el piso de tierra. Según íbamos ganando, íbamos invirtiendo», cuentan.

La empresa fue creciendo a medida que lo hacían los tres hijos del matrimonio, y llegó el momento en el que dos de ellos decidieron encaminar su futuro profesional a continuar los pasos de sus padres. Telmo, hoy gerente de Gama e Hijos, estudió en Ferrol Estructuras Metálicas. Susana cursó Empresariales, también pensando en quedarse en la empresa. «A Telmo siendo niño ya le gustaba trabajar aquí entre hierros», explica su madre, quien añade que, sin embargo, «tenemos otro hijo -Andrés- y nunca le gustó».

La actividad de la empresa comenzó haciendo portales y a los pocos meses ya pasó a la construcción de tuberías, naves y mantenimientos industriales. «Ahora estamos haciendo cosas para la línea del AVE, hicimos la última fábrica de piensos Nanfor,... Hacemos todo lo que se haga con hierro y también cosas en inoxidable».

Fina es, en palabras de su marido, «el cerebro de la empresa, la que lleva el control del dinero». Pero no siempre fue así. «Empecé como chica de los recados, hacía un poquito de todo», dice.

Impulsar una empresa como esta, que cuenta con una media de cincuenta trabajadores, no es fácil. «A mí siempre me costó sangre, sudor y lágrimas sacar adelante la empresa», dice su fundador, que sospecha que «si lo hubiese sabido igual no me hubiese metido».

Ahora se nota el impacto de la crisis. Pero no es la primera que atraviesan. La empresa ha superado ya otro momento duro hace algunos años. Para Fina, y Telmo está de acuerdo con ella, «la empresa es una lucha continua, tanto en los buenos como en los malos momentos, pero lo bonito son los malos, cuando hay que tirar para delante».

A Telmo el cargo de gerente le ha llegado con la crisis, pero como dice su madre, «cuanto más ve lo duro que es, más tira para delante». La prueba de fuego ha sido dura, pero también sabe que si supera este tirón podrá superar cualquier cosa.

Además, la familia se siente afortunada, porque tienen trabajo y porque atesoran «una cartera de clientes fabulosa», clientes que son los mismos desde hace veinte años. «Antes el trabajo aparecía solo, ahora tienes que buscarlo, pero no podemos quejarnos porque este año ya lo tenemos ocupado», concluye Telmo, el joven gerente de Gama e Hijos.