Rebelión en las aulas

AROUSA

Hace tiempo que pienso que me ha tocado vivir la peor época de la historia de la humanidad. Imagino que en cada período habrá habido más de una persona pensando exactamente lo mismo. Un gladiador, un campesino esclavizado por un señor feudal, un africano arrancado de su tierra rumbo a los algodonales americanos, un inca en las minas de Potosí o un pobre obrero en la Europa industrial. Sin duda, no hay momento de la historia sin sufrimiento. Sin dolor e injusticia. Visto así, hasta parece obsceno pensar que estos son malos tiempos. A pesar de los 4,5 millones de parados, los salarios de risa, las hipotecas de escándalo y las pensiones cada vez más tarde y mal. Pero hay signos evidentes del precipicio al que nos estamos asomando. Cuando a un país le falla lo básico camina hacia el abismo. Repasemos. La sanidad, mal. Los servicios sociales, peor. La educación, regular y empeorando. Tanto, que ya hasta los padres de alumnos organizan manifestaciones como la de Vilagarcía para pedir más comedores en los colegios y reparaciones básicas. Y eso por no hablar del nivel de las clases, que es otro cantar. Que los techos de las aulas se caigan bien merece una rebelión, pero si por lo menos los chicos aprendieran algo, la cosa sería para menos.