«Empecé con 'Hola, Rey Melchor' y al año siguiente ya me la pidieron»

AROUSA

Maestro, músico, micólogo, insustituible paje real en la Cabalgata de Reyes, compositor incansable de letrillas de carnaval, y todavía se pregunta si tendrá algo que contar

20 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Aunque sí haya cambiado su entorno, y mucho, para Carlos Puga el jardín de la plaza de España sigue siendo el mismo de hace sesenta años. Por eso en su mirada perviven los partidos de fútbol, la parada de taxis, el bar Rancho Grande. «Al lado empezaba A Xunqueira. Hacíamos nuestras cabañas. Mi mundo en esos años estaba aquí en esta zona y no necesitábamos salir de aquí. Defendíamos nuestro territorio frente a otras bandas. Conozco poco de la Vilagarcía de aquellos años, porque no salía de esta zona».

Desde esos tiempos en los que su padre dirigía la escuela, Vilagarcía ha cambiado mucho. «Hoy es una ciudad en pequeño, con una cantidad de servicios impresionantes. En aquel momento, Vilagarcía era una villa diferenciada de las demás. Tenía un tamaño y una organización como no había en ningún otro lugar de su tamaño. La calle Castelao era una avenida. Recuerdo el mar golpeando en el malecón en la Alameda, y era impresionante». La ciudad era distinta. Los ojos que la miraban, también: «Una vez, cuando era muy pequeño, en la procesión del Corpus, en el malecón, el cura elevó la cruz y al darle el sol, brilló. Yo quedé impresionado. Pero al año siguiente ya no brilló».

Su padre fue maestro y aunque a él le hubiese gustado hacerse perito industrial, como «non había cartos» decidió seguir sus pasos. Estudio Magisterio por libre y, al final, «fue una profesión en la que lo pasé bien».

Aunque había nacido en Lobios (Ourense), Carlos Puga se trasladó a Vilagarcía con apenas dos añitos. Desde entonces solo la dejó temporalmente para cumplir con su profesión. «Estiven en Pontevedra, en Vigo, en Caldas, en Zamora, en Barcelona», hasta que consiguió destino en A Pantrigueira. Fue entonces cuando conoció a su mujer y se casó. Después llegaría el regreso a Vilagarcía, primero al colegio Arealonga, después al instituto Bouza Brey.

Recuerda con especial cariño sus años en Barcelona, «anos moi bonitos». Vivió allí el 67 y el 68, un período «con un movemento social importante». «O peso da galeguidade en Barcelona notábase moito, tanto culturalmente como en bares e restaurantes. Alí nos xuntabamos e, por suposto, a ninguén se lle ocurría falar castelán. Ás veces acababas na casa de alguén escoitando discos prohibidos ou manifestos republicanos. Aqueles anos vivinos cun compañeiro entrañable, Celso Callón».

Ya por entonces había descubierto la que se convertiría en una de sus grandes pasiones. Llegó de repente, sin avisar. «A primeira historia na que me metín foi a música. Non recordo que ata os quince anos me gustase a música. Foi algo repentino. Na escola de don Pepe, en Vilaxoán, onde preparaba Maxisterio por libre, tiña un laúde». Empezó por ahí y «con 16-17 anos tiña na casa seis ou sete instrumentos». Pronto se juntó con otros músicos para formar una rondalla, la Tuna Vilagarciana. Algunos de esos compañeros todavía le acompañan hoy en la Orquestra de pulso e púa del Liceo. Pero antes, las entrañas de esa rondalla todavía tendrían que gestar otros grupos musicales que animaron la Vilagarcía de los 60, «entre eles nós, Los Ibéricos», formación que llegó a participar en un concurso de televisión.

Fundador de sociedades

Además de la música, el cine. Carlos Puga se cuenta entre los fundadores del extinto Cine Club, que fue creado cuando participó con Suso Méndez en la elaboración de varias películas documentales sobre el mejillón, la leche o el vino. «Daquela o mexillón tamén estaba en crise», aclara. Se ve que para algunas cosas los tiempos no cambian. También fue uno de los fundadores del Ateneo, «onde estaba Castro Ratón como un dos promotores», y de la coral del Liceo, hasta que en el año 1987 se formó la Orquesta de pulso e púa.

Docencia, música, cine y, por fin, la micología, afición que le llevó a fundar una de las asociaciones de mayor prestigio. A Cantarela nació en el año 83 para canalizar un interés por el mundo de las setas que había prendido en él durante su estancia en Barcelona. «Non me imaxinei que en Galicia houbera tantos cogumelos. Cando volvín asistín a unhas charlas e xa me interesou moito máis. Despois organizamos unhas charlas no Ateneo, ata que houbo suficiente actividade para ser independiente. Hoxe A Cantarela é un referente a nivel de actividades», y el otoño de Vilagarcía ya no se entiende sin la semana que esta asociación dedica a las setas. Esta pasión le hizo vivir con amargura los terribles incendios de hace tres años: «Cos incendios que fastidiaron os montes agora temos que esperar vinte anos. Para min quen queimou os montes era un micófago».

Pero si todos los años se le ve corriendo de un lado a otro para que nada falle en la semana micológica, tampoco falta en la Cabalgata de Reis, en la que empezó a colaborar de la mano de Paulino Mouriño, y en la que desde hace varios años -lo diremos aprovechando que no hay niños- actúa como divertido paje real en el recibimiento que se tributa a los Reyes en el muelle. «Yo me doy cuenta de que el acto de la Cabalgata es para niños. Hay que atraer la atención y para eso nada mejor que canciones sencillas. Hace seis o siete años empecé con Hola, Rey Melchor , al año siguiente quise cambiar y me la pidieron». Ese saludo cantado a Sus Majestades se ha convertido en todo un clásico. «Pero siempre trato de introducir algo nuevo. Ahora juego con el nombre y soy Alí Ben, hijo de Alí Vou».