La justicia no siempre hace justicia, por raro que parezca. Cuando la justicia llega tarde, y eso ocurre muy a menudo en España, ya no sirve igual para las víctimas, que a lo mejor se han pasado diez años pendientes de saber si se les da o no la razón. Y es peor cuando la injusticia entra por la puerta del error judicial. Eso es lo que acaba de pasar en Cambados. La jueza encargada del caso del guardia civil del municipio acusado de matar a tiros a su novia en el cuartel de la localidad ha cometido un error fatal. Firmó la prórroga de la prisión provisional del presunto asesino cuando el plazo ya había expirado. El resultado es que Jaime Maíz Sanmartín podrá salir a la calle y pasearse por los mismos lugares por los que lo hará la familia de su supuesta víctima, Mari Luz Pose. Independientemente de buscar culpas y culpables, que eso ya lo hará quién deba -yo hoy no tengo cuerpo-, creo que es el momento de reflexionar sobre si es o no justo que alguien salga a la calle por un problema de plazos. De trámites. La cuestión es si merece la pena llevar la burocracia hasta el límite de convertir la justicia en injusta a sabiendas. No me gustaría estar en la piel de la jueza que ha metido la pata. Y menos en la de la familia de Mari Luz Pose.