Lo hicieron en un soplido. Depende de los horarios de apertura y cierre de cada uno de los establecimientos, de las costumbres que frecuenta cada comerciante y de sus particulares precauciones. Pero la verdad es que en apenas un par de horas, las que median entre la una y media y las tres y media de la tarde, un pareja de individuos barrieron ayer cinco locales del mismísimo centro de Vilagarcía -seis, si se confirma el asalto a una peletería- a pena luz del día. Lo hicieron aprovechando el cierre del mediodía y con un descaro que podría sorprender al más avezado de los caraduras, puesto que ni siquiera las obras de peatonalización que se desarrollan en Alcalde Rey Daviña desanimaron a los autores de una fechoría que convirtió la siesta de los vilagarcianos en la mejor ocasión para la rapiña. Los robos tuvieron como escenario las calles Cervantes y, como queda dicho, también la arteria comercial de Rey Daviña. Su incursión en la primera de las vías tenía, al parecer, precedentes muy recientes. El jueves de la semana pasada, alguien se introducía, también de mediodía, en el negocio Viva María. Lo hizo sin apenas ruido, reventando la cerradura y llevándose el contenido de la caja. Nadie tocó el mínimo artículo de los muchos que oferta el local. Eso sí, una vecina que se había asomado a una ventana observó a un par de sujetos sospechosos. Ayer, su punto de mira se centró en una librería, Limiar, y la boutique Bambú. El modus operandi fue, en ambos casos, similar: la cerradura fue violentada de forma sencilla, poco estruendosa y absolutamente eficaz. Ninguna sustracción al margen del contenido de las cajas registradoras. Es más, una de las empleadas había dejado en el mostrador una consola Nintendo DS. Los asaltantes no le hicieron ni caso. Las tres operaciones de Rey Daviña fueron todavía más atrevidas. En todas ellas se llevaron por delante la reja de los locales, que no siempre estaba cerrada. La incursión se produjo en la perfumería Yves Rocher, en la tienda de complementos Me Two y en el establecimiento textil de Melinda Acosta. Este último lugar fue el único en el que el proceder de los asaltantes se modificó. Según las responsables del comercio, pusieron patas arriba el mostrador, probablemente porque la caja tiene ciertas particularidades de funcionamiento. Quizás también porque es probable que sus protagonistas decidiesen dar por finalizado en él su peculiar oleada de robos antes de dirigirse a la estación de ferrocarril para tomar el tren.