Parientes con mucha voluntad

AROUSA

En la agrupación de Protección Civil de Ribadumia hay diez voluntarios que son parientes; entre ellos, el presidente, su mujer y la mayor de sus hijas

06 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En O Salnés había, hace muchos años, un grupo de aficionados del que nació la agrupación de Protección Civil de Vilagarcía, la primera que se creó en la comarca. Entre ese grupo de voluntariosos estaba Andrés Otero Rodiño, que ni siquiera sospechaba entonces cómo iba a marcar su vida ese trabajo altruista. Porque un año después, cuando se creó Protección Civil en Cambados, se pasó a esa agrupación, y más tarde puso en marcha la de su terruño, en Ribadumia. Animados por quien ahora es presidente de la Diputación de Pontevedra, que se preguntaba por qué su pueblo iba a ser menos y no contaba, como los demás, con una agrupación propia, Andrés Otero se convirtió entonces en el propulsor de una agrupación que lleva presidiendo desde entonces, y hace ya la friolera de doce años. «Estábamos un día no banco de pedra do bar Tropezón -la segunda sede de la entidad, en la práctica- e alí naceu a idea», recuerda Andrés, que ya no se separó nunca más de Guillermo Chantrero, el vicepresidente, y del grupo de personas que pusieron en marcha ese iniciativa que hoy reúne a 38 voluntarios y amigos en Ribadumia. «Creo que agora, despois do que pasou coa de Vilagarcía, somos a máis numerosa da comarca».

Con toda la familia

A partir de entonces, la vida de Otero Rodiño giró en torno a la agrupación, y como su familia quería estar con él, pues también se sumó al carro. Su mujer, María Rita Rodríguez, es también voluntaria, lo mismo que su hija mayor, Marta. El matrimonio tiene otros dos hijos, una niña de 9 años y el pequeño, que va a cumplir 7, y todo parece indicar que irán por el mismo camino. «Xa se sabe que a cabra tira ao monte». Así lo resume su padre.

Marta estudia en Santiago Traballo Social, y su padre está convencido que el ejemplo familiar tuvo algo que ver en la elección de su profesión, que no deja de estar relacionada, como el voluntariado, en el servicio a los demás. «A fin de contas criouse niso». Los fines de semana los dedica a la agrupación, y desde hace un año figura oficialmente como voluntaria, lo que le da acceso a una serie de cursos necesarios también para su currículo académico. En Protección Civil se ocupa, sobre todo, de trabajos de oficina e informática, «pero se hai que saír correndo a un operativo, tamén vai», puntualiza su padre.

Lo curioso es que no son los únicos parientes en esa gran familia que es Protección Civil de Ribadumia. El vicepresidente, Guillermo, comparte esta actividad altruista con su hermano Luis y con la hija de Luis, que tiene 21 años. Y hay otro padre que también arrastró a sus dos hijos y a su yerno.

A todos ellos les une una vocación de servicio por la que no hay remuneración alguna. Esa cualidad, unida al buen ambiente que se vive en la sede, es lo que consigue que todos ellos sean, además, un grupo de amigos. «Eu son o presidente porque alguén ten que selo, pero todos somos iguais, tanto para traballar como para ir de festa».

Hasta tal punto tira la agrupación de Ribadumia, que están a punto de darse de alta varias personas que realizaron con ellos trabajos sociales por infracciones de tráfico y que ahora no están dispuestos a dejarlo. «Gustoulles o invento e agora queren quedar», dice Andrés.

Pero hay dos claves más para entenderlo. La primera, no mezclar asuntos políticos. «Nós estamos ao servizo de todos os veciños de Ribadumia». Aunque Andrés no escatima elogios para su alcaldesa, Salomé Peña. Y la segunda, que el único pago que admiten los 38 voluntarios son las gracias. «Aínda que hai moita xente á que aínda lle costa dicir esa palabra tan fermosa». A ellos esas siete letras les hace feliz.