Además de la responsabilidad para con la seguridad del Puerto y la ría, y la estabilidad de las empresas del entorno, el tercer argumento que empleó Javier Puertas para explicar el rescate de la terminal de contenedores se refiere a las distorsiones que Contenemar ha introducido en el mercado del transporte marítimo. Evidentemente, la condescendencia con la que los gestores portuarios han tratado hasta ahora a la naviera le ha permitido competir de forma desleal, pues podía bajar los fletes sin problemas al no abonar las tasas correspondientes a sus concesiones y a la ocupación de muelles.
Solo en Vilagarcía, la deuda con la Autoridad Portuaria se acerca ya al millón y medio de euros, mientras que en Tenerife, por poner otro duro ejemplo, se eleva a tres millones.
El principio de prudencia, que debe presidir la gestión pública, no se ha observado. Ni en Vilagarcía ni en muchos otros puertos en los que operaba el otrora pujante grupo. Arrastradas por la dinámica a la baja de los precios que Contenemar cobraba por el transporte entre la Península y Canarias, el resto de firmas del sector emprendieron una política suicida semejante, lo que ha llevado a los fletes a un nivel ínfimo, y al negocio del tráfico marítimo de mercancías al borde del precipicio.
El último intento de Tercovi
Pese a haber recurrido a una declaración de insolvencia y a la vía concursal, Contenemar ha tratado, durante meses, de seguir operando a través de varias de sus filiales. Tercovi es una de ellas. El hecho de haber solicitado un expediente de regulación de empleo para mantener la actividad al menos durante medio año más delata la intención de sus responsables de continuar explotando la línea entre Vilagarcía y Casablanca. El rescate de la terminal urge para no perjudicar el tráfico ya fidelizado.