Una veintena de niños africanos que están de vacaciones en Ourense vieron ayer por vez primera el océano en Arousa
20 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ninguno se había subido jamás a un barco. La mayoría, de hecho, nunca habían posado sus ojos sobre esa gran masa de agua salada que son todos los mares del mundo. Por eso, la veintena de niños senegaleses que ayer visitaron O Grove no olvidarán fácilmente su estancia en esta pequeña localidad arousana. Llegaron a ella desde Ourense, ciudad en la que están pasando unos días de vacaciones. «Veñen a ver aos seus familiares que están traballando en Galicia», contaba ayer el concejal de Benestar de O Grove, Carlos Álvarez Besada.
El Concello de Ourense lleva años facilitando ese reencuentro estival entre los niños del Senegal y sus padres emigrantes. Y el Concello de O Grove lleva años colaborando con los ourensanos a través del programa «Do interior á costa». «Este ano quixemos facer extensiva esa actividade a estes nenos», señalaba ayer Besada. Por eso, los mecos diseñaron una jornada plagada de actividades y de sorpresas.
Algunas pistas de lo que iban a hacer las recibieron los chavales a primera hora de la mañana. A las diez, en el salón noble del Concello, fueron recibidos por las autoridades locales, que les avanzaron con trazos gruesos algunas de las cosas que iban a poder hacer y ver durante la jornada. Luego se fueron a dar un paseo por las calles de la localidad. Y como, a fin de cuentas, son críos, pararon en un parque infantil a disfrutar de los columpios y los balancines.
A las doce la expedición recaló en el puerto de O Grove, donde los chavales tuvieron ocasión de subirse al catamarán Visión I. El viaje lo disfrutaron de lo lindo, asegura Carlos Álvarez Besada, que actuó como cicerone de esta expedición. De vuelta en tierra, los chavales pudieron seguir disfrutando del mar, con una comida a pie de playa en la zona de As Pipas. Tras reponer fuerzas tras una mañana cargada de emociones, los pequeños expedicionarios dieron comienzo a la tarde cuando el reloj marcaba las cinco. A esa hora entraron en las instalaciones del acuario de Punta Moreiras, donde pudieron sumergirse en el mar y descubrir sus secretos submarinos. Sus caras de asombro ante lo que veían dejaba bien claro que el viaje desde Senegal había valido la pena.