Todo el sabor de una saga

AROUSA

En 1972, Pepe abrió el Altamira. Pronto se convirtió en una de los templos gastronómicos de la comarca. Sus hijos llevan ahora el timón

19 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Van allá más de treinta años desde que Pepe decidió abrir el Altamira. Y lo primero que conviene aclarar es el motivo del nombre. Pepe es de A Baña, una aldea de Negreira, y en Brión, cerca de allí, están las Torres de Altamira. De ahí el nombre, que ya ha colonizado la vida de muchas arousanos: el lugar donde se ubica el restaurante es el alto del Altamira y tanto el padre como el hijo son conocidos como Pepe Altamira.

Pepe, padre, empezó asu vida laboral en Santiago y «cuando aún no tenía diecisiete años» llegó a Vilagarcía para trabajar en el Central. De allí, de nuevo a Santiago aunque de forma provisional. «Don Ramón Barca, mi jefe, me mandó un mes y medio al Hostal de los Reyes Católicos. Pagando él», recuerda. Y después al Gran Hotel de La Toja antes de la Bolera Parque, un local de Rey Daviña que se situaba donde hoy hay un chino y donde «hacíamos bodas al aire libre y las grandes cenas del Club de Regatas y del Casino. La gente de Vilagarcía salía a los balcones para escuchar a la orquesta, que era una maravilla».

Desde que Pepe se llevó el susto de su vida con la aparición de un cáncer, sus hijos José y Lourdes asumieron el reto de mantener el listón igual de alto -«aunque él siempre está ahí, supervisándolo todo», apunta el hijo-. Dice Jose que él siempre tuvo claro que su futuro vital pasaba por tomar el relevo, «desde que empecé a ayudar recogiendo el pan de las mesas. Lo mamé desde pequeño».

Tres décadas, casi cuatro, con la cocina encendida dan para ganarse, sobre todo, una clientela fiel. «Algunas veces se enfadan, eso puedes ponerlo -dice Jose-, pero al final acaban volviendo. Los clientes son amigos». Y dan para ganarse, también, un prestigio, que es el que da la calidad del producto que se sirve. «Todos los veranos viene mucha gente desde el Gran Hotel de La Toja a tomar las nécoras», apunta el progenitor.

Si por algo ha resistido el Altamira es por mantener el guión. Hubo relevo en timón, pero el rumbo de la cocina no varió. Solo pequeños detalles, porque lo básico es el producto. «Antes no se llevaba tanto lo del adorno en el plato», explica Jose, que también apunta: «No es una cocina de autor. Tú quieres una merluza a la gallega y tienes tu buen toro de una merluza de ocho kilos». «Ahora -continúa-, ¿qué quieres el agua que toman Paris Hilton o Madonna? La tengo; ¿qué quieres una tónica americana y una ginebra nosequé ? También. Todos esos complementos nos gustan, pero la cocina sigue teniendo en lo principal lo buena que es la materia prima». «La cocina tradicional siempre hay que cuidarla», concluye Pepe, que presume de las lentejas que supervisó el pasado miércoles. Y presume también del cocido invernal que se prepara todos los martes, y de la perdiz «que la bordamos», en la temporada de caza.

Las tertulias del Altamira también tienen fama. «Tengo clientes que acaban de comer y cuando se van a levantar de la mesa ya es casi la hora de cenar», dice Jose, que reconoce que a él le gusta compartir esos momentos de sobremesa y charla con los que considera sus amigos.

Mecano y el Real Madrid

Pepe fue también presidente de la comisión de fiestas de Vilagarcía. «El que trajo a Mecano a una plaza de toros portátil», recuerda su hijo. Y trajo también al Real Madrid de baloncesto, el de los Corbalán, y compañía, a pesar de las zancadillas de alguno. «Se tuvieron que duchar con botellas de agua mineral en Fontecarmoa, y después vinieron aquí a comer». «Nunca tantos amigos tuve, todos me pedían entradas», bromea Pepe. Algún calote queda todavía en la caja del Altamira de aquellas papadas .