No importa de lo que se trate. Todos los mares tienen sus puertos. No hay un océano sin muelle, como no hay viaje sin retorno (solo uno, pero esa sí que es otra historia). Todo camino de ida es también el de vuelta para quien quiera recorrerlo. Vilagarcía es terreno fértil para la aventura. Desde el puerto Carril, antes que desde ningún otro sitio, partían las ostras hacia las grandes mesas europeas. Pero también los grandes cruceros que prometían un futuro a todos quienes jugasen la partida americana. Nuestro hombre entró en la timba, y aunque no se quedó corto, los aires de Miami tampoco le sedujeron. Camiño da Baldosa. Marcos Ramos lleva la hostelería a bordo, como otros llevan la mecánica, la literatura o la literatura. Hay profesiones que a uno le empapan hasta los huesos, marcando para siempre lo que uno quiere y puede dar de sí. Marcos tiene el tuétano impregnado. Hace tiempo decidió volar, junto a su compañera, Beatriz Moraña , y enfilar el camino del Sur. Las Islas Canarias, llámense Fuerteventura, Lanzarote o Tenerife, sirvieron de puerto franco desde el que tirar el sedal hacia Austria o Bélgica. Al recogerlo, retirando del mar experiencia tras experiencia, nuestros amigos encontraron en el anzuelo el eco del retorno. Y aquí están. El Lembranza, en plena rúa de A Baldosa, es su dársena de abrigo. Difícil imaginar un mejor nombre para un proyecto que aspira a revitalizar el contacto del buen vino con el adecuado equilibrio gastronómico. Contribuir, desde el epicentro del vino, la tapa y la terraza, al enriquecimiento de Vilagarcía y de su atractivo. De su oferta y del esfuerzo por que sus calles sean, definitivamente, habitación de propios y extraños. Este es, en el fondo, el objetivo. Así que ya lo saben, desayuno, aperitivo, merienda o picoteo al anochecer. El Lembranza juega fuerte. Habrá sorpresas. Y pronto. Un lugar para la cerveza. Como quiera que la hostelería vilagarciana se encuentra en pleno revuelo, no sería justo poner fin a esta sección sin hacer referencia a la inauguración de la nueva A Goleta. Pedro Castellanos y Marta Ibarrondo reinterpretan en viejo restaurante -tiempo habrá de hablar las propuestas de sus antiguos inquilinos, que las hay y están en marcha- en clave de cervecería de aperitivo, anochecer y primera copa. Quienes escriben estas líneas pueden presumir de haber estrenado el sistema de autocaña, con su contador digital y su cotización por decilitro. Son tres mesas dotadas de autonomía bírrica dentro de un local que prolonga su retaguardia hasta enlazarla con Martínez Núñez. Se trata, en cualquier caso, de la avenida de A Mariña, y bien está comprobar que, al igual que el Lembranza de Marcos proyecta el universo del vino en A Baldosa, A Goleta de Pedro hace lo propio con la cerveza en el antiguo frente marítimo de la vieja capital arousana. El Dolce Vita, patria de tremendas y muy recomendables birras, estaba tal vez demasiado solo. Ahora ya no.