El PP de Vilagarc´´ia se ha acostumbrado a ser «intervenido» cada cierto tiempo. Lo malo es que en esta ocasión se juega la alcaldía
05 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La historia del Partido Popular de Vilagarcía a lo largo de los últimos 14 años se cuenta por el número de veces que su ejecutiva ha sido «intervenida» por parte de los próceres de la formación conservadora en Galicia. Siempre que alguien, en la escala del PPdeG, detecta movimientos que no le agradan en la agrupación vilagarciana la receta es la misma: recambio en la presidencia local, nombramiento de gestora y candidato de circunstancias para sobrellevar lo mejor posible las siguientes elecciones municipales. En esta ocasión la cosa no ha llegado a tanto, al menos de momento, pero la verdad es que el futuro no pinta nada bien para un equipo, el que lidera Tomás Fole, que a este paso puede ver frustrada su llegada a una alcaldía que se veía acariciando con la punta de los dedos.
Hace ya largo tiempo que la relación entre el presidente del PP de Vilagarcía y el responsable de los conservadores pontevedreses, Rafael Louzán , muestra señales de un claro deterioro. Las razones de este distanciamiento no han trascendido, pero sus efectos eran poco menos que un secreto a voces. Solo faltaba un ingrediente para que sus diferencias saltasen a los papeles. Y esta gota vino dada por el buen resultado que los populares vilagarcianos cosecharon el 1-M.
Tras romper un prolongado ciclo de victorias socialistas en la ciudad (el PSOE había ganado dos municipales, dos generales, unas autonómicas y unas europeas desde el 2003) la gaviota vuelve a ser la primera fuerza política en la capital arousana, lo que lleva a la agrupación local ha extraer un par de conclusiones. Primero, todos los esfuerzos deben concentrarse en la proyección del partido para alcanzar la alcaldía en el 2011. Segundo, este refuerzo exige que puestos clave, como la presidencia de la Autoridad Portuaria, se sitúen como mínimo en clara sintonía con la ejecutiva conservadora. No necesariamente tenía que ser Fole quien ocupase el sillón del muelle de Pasajeros. Los populares vilagarcianos, de hecho, plantearon otros nombres a la dirección del PPdeG. Pero el affaire de Corina Porro en Vigo, que se adelantó a todos y prácticamente se autoproclamó presidenta del Puerto olívico, inclina la balanza hacia el portavoz municipal. Si en Vigo funciona, ¿por qué no en Vilagarcía?
Pero las pretensiones del PP de Vilagarcía chocaron inmediatamente con los planes de la cúpula del PP de Pontevedra. En un contexto de desconfianza hacia Tomás Fole, larvada durante meses, la idea de que él mismo se convierta en presidente portuario ofrece a la dirección provincial una oportunidad de oro para desplazarlo del liderazgo local del partido y, de paso, de la cabeza de lista para el 2011.
Una oferta envenenada
Es así como se le plantea a Fole una disyuntiva envenenada: de acuerdo, puede sustituir a Javier Gago , pero solo si renuncia a presidir la agrupación vilagarciana y a repetir como candidato a la alcaldía. La respuesta, claro, es negativa. La prioridad de su equipo es el gobierno municipal, no la Autoridad Portuaria. Louzán activa, entonces, la carta que ha venido negociando paralelamente en previsión de lo que pudiese suceder: Javier Puertas , quien no siendo un mal fichaje llega, sin embargo, en plena marejada política, o sea, en el peor momento.
No es extraño que la ejecutiva vilagarciana reciba el anuncio de su nombramiento como un jarro de agua fría. Y no por él o porque no haya sido Fole el elegido, sino, sencillamente, porque Puertas no figuraba entre las alternativas que el partido local sugirió en su momento. En otras palabras, porque no se ha tenido en cuenta la opinión del PP de Vilagarcía.
A partir de esta constatación surge todo lo demás. La sospecha de que se está cocinando un relevo desde Pontevedra, tratando de introducir a José Juan Durán en la capital arousana. La idea, cada vez más difundida, de que a la cúpula provincial no le interesa que la gaviota vilagarciana gane la alcaldía y recupere una influencia que haga sombra a los barones de O Salnés. Los fantasmas de las intervenciones pasadas: la de Cuíña , en 1996, que apartó a Rivera Mallo para situar a Pablo Crespo en su lugar; la del propio Louzán, que en el 2001 fulminó a Manuel Bouzas para elevar a Miguel Ángel González . El recuerdo de chapuzas como la de José Antonio García, aquel médico de Pobra de Brollón que no llegó a las elecciones de 1999.
¿En qué acabará todo? Probablemente Louzán y Fole negocien un compromiso que garantice a este último la cabeza de lista en el 2011. Lo malo es que, en política, la perdurabilidad de esta clase de acuerdos depende, básicamente, de la dirección en la que sople el viento. Algo que sabe perfectamente Rivera. Por algo el veterano político apuesta por un centro derecha unido, sin injerencias externas. Él fue el último que lo consiguió.