La justicia llegó tarde para Manuela

AROUSA

Una vecina de Carril denunció hace cinco años la situación en la que malvivían ella y su hijo con parálisis cerebral. La muerte le llegó antes que la Ley de Dependencia

21 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La aprobación de la Ley de Dependencia sacó del armario muchas historias tristes de ancianos abandonados, familias sin recursos y mayores que no podían valerse por sí mismos. Llevaban años así, pero el espejismo de la opulencia en la que vivía la sociedad del bienestar les hacía sombra. Luego descubrieron que una cosa son los derechos y otra los beneficios, pero esa es otra historia. El caso es que se informaron sobre lo que les correspondía y lo reclamaron. El dinero, en la mayor parte de los casos, aún va de camino.

Pero mucho antes de que esas necesidades se reconociesen bajo el amparo de la ley ya se oyeron los ecos de algunos gritos desesperados. También en Arousa se dieron casos, y quizás uno de los más llamativos fue el de Manuela Barreiro, una vecina de Carril de avanzada edad y ciega que se veía obligada a cuidar de su hijo, Juan Luis Seoane, que entonces contaba 49 años y que estaba postrado en una cama.

La anciana llevaba muchos años sufriendo sus penurias en silencio. Su hijo sufrió una parálisis cerebral a los tres meses, pero mantenía una cierta autonomía porque se desplazaba en un carrito de minusválidos. Todo Carril lo conocía y se lo cruzaba por la calle, hasta que tuvo un accidente de tráfico y quedó postrado en una cama. Manuela Barreiro tenía otra hija que se ocupó durante algunos años de tirar de la casa, así como podía, pero una trombosis le dejó el lado izquierdo de la cara paralizado y ya nunca volvió a ser la misma.

Desvalidos

Ya solo quedaba la ayuda vecinal, y Manuela Barreiro la tuvo, hasta que la mujer que buenamente les echaba una mano cuando podía tuvo que ser operada de una pierna. Y quedaron desvalidos. Los servicios sociales de Vilagarcía corrían entonces con estas y otras necesidades. Desde el Concello se reconoció que la situación de la familia era grave, pero en la lista de calamidades no llegaban a ocupar los primeros puestos. Tanto Manuela como su hijo cobraban pensiones, y eso los dejaba con un baremo de 89 puntos, cuando había familias en Vilagarcía que alcanzaban los 103 y que no tenían siquiera servicio de ayuda a domicilio.

Corría el año 2004 cuando Manuela abrió las puertas de su casa y toda la comarca se estremeció con la imagen de la mujer ciega tratando de asear a su hijo encamado. Pasaron cinco años. Hoy en día, a esta familia de Carril la ley de dependencia le reconocería sus derechos. Lo que no está tan claro es que la administración corriese con sus deberes. En todo caso, para Manuela llegarían tarde, porque ya hace tiempo que la anciana cerró definitivamente esos ojos que hacía mucho que habían dejado de ver las miserias que le rodeaban. Murió, y su hijo tuvo que ser internado en un centro. En la casa familiar de la calle Victoria ya solo queda la hija, Pilar, que tira como puede.

En su años mozos, Manuela Barreiro regentaba un quiosco en Carril. Lo mismo que hacía su tocaya Manuela Riveiro en Fontecarmoa. También estaban unidas por las desgracias. Solo que la segunda se olvidó de gritar. Tenía alzhéimer, y otros gritaron por ella. Abandonada por sus familiares directos, fueron unos parientes los que inicialmente se hicieron cargo de la situación. Pero la enfermedad galopaba, y Manuela dejó de asearse por la mañana, se olvidó de hacerse la comida al mediodía y a veces, por la noche, probablemente no recordaba ya ni su nombre. Como en el caso anterior, el Concello de Vilagarcía volvió a reconocer que el caso era grave, pero seguidamente repitió que los había peores. Y aunque se le otorgó con carácter urgente el servicio de ayuda a domicilio y Cáritas le llevaba todos los días la comida a casa, pronto no quedó otra que buscarle una residencia. Finalmente apareció una plaza en el asilo de Vilagarcía. «Yo creo que sigue allí -decía ayer una vecina-. No se volvió a saber nada de ella, pobrecita. La tuvieron que llevar a la residencia porque su familia no la atendía».

A Manuela Barreiro la ley de dependencia le llegó tarde, y Manuela Riveiro ya ni siquiera sabe lo que es la ley. Los vecinos de Vilagarcía se sobrecogieron con estas dos historias cuando fueron denunciadas en el periódico. Ahora, cinco años después de que se diera a conocer el caso de Manuela Barreiro y de que Manuela Riveiro fuese internada en la residencia, la crisis económica destapó el velo de la miseria y ya todo el mundo sabe que las calles están llenas de Manuelas.