El deportista ribeirense es todo un ejemplo de superación y esfuerzo pese a sufrir una discapacidad en los brazos
21 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Gimnasio Natural Sport de Ribeira. Jueves por la mañana. Sentado con una Coca-Cola light espera el entrevistado. No para de recibir muestras de cariño por parte de las personas que acuden al recinto por la gesta conseguida. No es para menos. Con apenas nueve meses sufrió una poliomielitis que le provocó una minusvalía del 70% que, sin embargo, no le ha impedido conseguir la medalla de plata en el Paramundial de taekuondo -categoría de menos de 58 kilos- que se disputó la semana pasada en Azerbaiyán. Cada palabra que sale de su boca es un alegato a la igualdad y una muestra más de superación personal. Pero la vida de Álex Vidal Álvarez (Ribeira, 1981) no está basada solo en el tatami y en pegar patadas al contrario.
-Vaya recibimiento que le tributaron en Castiñeiras.
-No me lo esperaba, pero fue emocionante ver que la gente que conoces desde pequeño te aplaude y siente este subcampeonato como algo propio.
-¿Quién fue la primera persona que le llamó cuando acabó el combate?
-Un amigo que no sabía que estaba en el torneo, y le comuniqué la noticia.
-¿Y su familia?
-Mi madre se enteró cuando no había transcurrido ni una hora. Mi padre tardó más tiempo en saberlo porque trabaja en una factoría de Pescanova en Mozambique.
-Esta presea conseguida, ¿qué le supuso a sus padres?
-Una felicidad inmensa. Usted no sabe lo que se gastaron en médicos especialistas, fisioterapeutas, viajes, consultas... En fin, nunca podré devolverles todo lo que hicieron por mí, y esta medalla es un reconocimiento a su tenacidad y esfuerzo.
-Hombre, algo habrá hecho usted para llegar a donde ha llegado.
-Pelear muy duro para romper todas estas barreras sociales que aún existen contra las personas con discapacidad. Si hay algo que tengo claro es que no entiendo de limitaciones, si hay un escalón, se sube, y punto. No hay vuelta de hoja. Y si no puedo, para eso están mis amigos y mi familia, para darme su apoyo.
-Paralimpiada, Paramundial. Parece que el prefijo «para» está asociado a desigualdad. ¿Cómo lo ve?
-Gracias a Dios la mayor parte de la gente no te ve como un bicho raro al que tienes que echar una mano porque te da pena. Yo conozco mis limitaciones, pero sé explotar mis virtudes.
-Póngame un ejemplo.
-Participo en los campeonatos de taekuondo a nivel gallego y nacional sin ningún tipo de problema.
-Y los rivales, ¿no tienen compasión?
-Sí. Al principio tratan de no hacerme daño porque creen que me pueden herir al golpearme, pero todo eso se olvida cuando les doy la primera patada. A partir de ahí se acabó la compasión y tratan de zurrarme a toda costa.
-¿Y en el gimnasio?
-Soy uno más del equipo y así me tratan. No tengo privilegio alguno y tampoco lo consentiría. Si me golpean y me tiran al suelo, me levanto y sigo con el combate. No quiero tratos de favor. Que tenga una discapacidad no significa que sea inferior a nadie. Y menos en taekuondo.
-¿Por qué se metió en esta disciplina que, desde fuera, parece tan complicada?
-Cuando acabé con las sesiones de fisioterapia el médico me recomendó que siguiese haciendo deporte. Así lo hice. En el 2001 me matriculé en el Natural Sport. Un día, hace cinco años, el entrenador Juan Luis Martínez me propuso hacer un prueba para taekuondo, y hasta hoy.
-En solo cinco años ya es el número dos del mundo en su disciplina, cuénteme su secreto para llegar tan alto...
-Esfuerzo, dedicación y llevar un régimen estricto, tanto a nivel de alimentación como de preparación física. Detrás de cada medalla hay muchas horas de entrenamiento.
-Y a partir de ahora...
-Me voy a tomar un mes sabático. Quiero desconectar del taekuondo y me voy a dedicar a realizar otros deportes que también me apasionan como es el caso del fútbol sala, el atletismo o el voleiplaya en A Ameixida. Y, cuando arranque la pretemporada, comenzaré a trabajar duro para disputar los campeonatos gallegos absolutos, donde espero repetir el tercer puesto obtenido el pasado año.