Basura y escombros destrozan la costa entre Vilanova y Cambados

AROUSA

Aunque parezca increíble, hay tramos de la costa arousana que han logrado escapar a la masificación y al barullo. Por desgracia para ellos, estar fuera del alcance de los ojos de las multitudes ha acabado por ponerlos en el punto de mira de quienes sienten un respeto cero por el entorno. Recorrer a pie el litoral entre Rego do Alcalde, en Vilanova, y Tragove, en Cambados, es revelador. Lo que podría ser un placentero paseo por la orilla del mar se ha transformado en una sucesión de escombreras que asoman tanto sobre la arena de las playas como entre los matorrales que bordean el angosto camino de servicio que discurre paralelo al mar.

Esa vía se encuentra en muy mal estado. De hecho, las mariscadoras de Vilanova han protestado en varias ocasiones porque los profundos baches del camino destrozan los coches de la cofradía. Pero las incomodidades del viaje no han sido suficientes para disuadir a quienes han encontrado en esa zona el lugar ideal para deshacerse de lo que les sobra en casa. Y es que algunos de los vertidos que se aprecian han exigido más de un viaje de ida y vuelta con el coche bien cargado de residuos.

Los restos de obras son los elementos que más afloran en este tramo de costa. Entre los matorrales asoman ladrillos y bloques partidos en mil pedazos, formando pequeñas montañas a las que parece haberle dado forma un capacho. A la orilla del mar también hay sitio para que las uralitas desauciadas de algún tejado se calienten al sol. En otro punto aparece un puñado de vigas de cemento destartaladas, con sus hierros interiores retorciéndose a la intemperie. Pero la imagen más asombrosa la ofrece una pequeña cala en la que la arena está prácticamente desaparecida: los cascallos alfombran completamente la parte alta de la playa. Como queriendo alicatar un espacio demasiado natural y demasiado lleno de arena.

Pero los escombros no son los únicos elementos extraños que pueblan el paisaje. El paseo entre Rego do Alcalde y Tragove está jalonado también de algunos elementos clásicos en las costas gallegas: neumáticos varados en las playas, sorprendentes acumulaciones de botellas, envases de todo tipo, cuerdas y viejos emisarios que, pese a haber quedado en desuso, parecen dispuestos a permanecer anclados en su sitio hasta que el paso del tiempo acabe de derrumbarlos. Postes y cableados completan una estampa en la que también tienen su espacio reservado viejas butacas despanzurradas por la edad.

Semejante ejercicio de feísmo sorprende a todo aquel que decida dar un paseo junto al mar en las parroquias de San Miguel y de Corvillón. Sin embargo, el abandono de todo ese tramo viene de lejos. De hecho, los presupuestos generales del Estado recogen este año una partida de 300.000 euros destinada a la regeneración ambiental de la costa entre el puente de A Illa y Tragove. El fin de los problemas en ese área, por tanto, debería estar próximo. O tal vez no. Ya en el 2008 se había reservado una partida idéntica para actuar en esa zona. Aquel año finalizó sin que se hubiese retirado un solo kilo de residuos de esa zona, sin que se hubiese adecentado un metro de camino. De hecho, quienes pasean con frecuencia por la zona aseguran que los vertidos se han incrementado en los últimos tiempos.