El «lobby» que acabó en «bluff»

AROUSA

Durante año y medio ocupó todas las portadas. La propuesta del Puerto para crear un grupo de influencia demostró menos presión que una cerveza abierta de dos días

08 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hubo un tiempo en el que Vilagarcía se abonó al noble arte de crear grupos de influencia. La clase empresarial dio rienda suelta a su creatividad y así nació, en 1997, la Fundación de Iniciativas Socioeconómicas de Vilagarcía (Fiseva), con declaración de interés gallego y reconocimiento por parte de la Consellería de Presidencia incluidos. Las malas lenguas siempre sostuvieron que el único interés que movía los hilos en Fiseva era el desarrollo del polígono industrial de O Pousadoiro, con o sin biomasa, cuyos terrenos estaban en manos de varios de sus asociados. Una opinión reforzada por la práctica desaparición del ente tras la creación del parque. Con eso y con todo, lo cierto es que la fundación se molestó al menos en elaborar un libro blanco sobre las necesidades socioeconómicas de la capital arousana. Más miga tiene, sin duda, lo del Foro para o Desenrolo de Vilagarcía, cuya aportación de mayor calado consistió en acuñar un acrónimo de resonancias equívocas y juguetonas: Fodedevi.

La verdad es que, pese a su naufragio, ignorado a las primeras de cambio por sus propios promotores, el foro tuvo su recorrido, sus portadas en prensa, sus muchas conversaciones en tabernas y cafeterías, e incluso un grupo de fans y otro de encendidos detractores. Pero, ¿en qué consistía la idea? La iniciativa partió de la presidencia de la Autoridad Portuaria, que Manuel Bouzas acababa de ocupar. Y el planteamiento no era malo. Puertos importantes como el de Barcelona y Bilbao habían gestado a su alrededor lobbys o grupos de influencia en los que confluían empresas e instituciones. Se trataba de ejercer presión de forma conjunta, especialmente sobre la Administración, en beneficio de la comunidad. Mejores infraestructuras, mayores inversiones, un trato adecuado desde los círculos del poder, coordinación eficaz y, en fin, toda la retahíla de buenos propósitos teóricos que siempre han alumbrado los grandes fracasos colectivos en la historia reciente de la capital arousana.

Bouzas lanza el mensaje en junio de 1998. Sus destinatarios son el reciente presidente de la Cámara de Comercio, Manuel Coello, y el alcalde de la ciudad, Javier Gago. Una nueva generación se sitúa al frente de las principales instituciones locales y el lobby asoma la cabeza como su gran proyecto conjunto. La cosa se infla y en un primer momento aspira a englobar a la Agencia Tributaria, a Renfe, a los consejos reguladores de Rías Baixas, Mexillón de Galicia y, por invitar que no quede, incluso a las cajas de ahorros y a la Fundación Comarcal do Salnés.

El Concello desconfía

La euforia, sin embargo, se enfría pronto. La Cámara aplaude la iniciativa. Pero el gobierno municipal se huele algo raro en la tostada. Para empezar, su propio nombre, Comunidad Portuaria, en el que Gago ve indicios de una intención excluyente. Como Ravella no mueve ficha, Bouzas y Coello lanzan un órdago en noviembre: buscarán más socios para el grupo de presión al margen del Ayuntamiento. Es más, anuncian que el nasciturus adoptará la fórmula de una fundación para el desarrollo de proyectos «de envergadura». El Concello no solo no traga el gancho, sino que, además, tira con bala contra semejante idea, que supondría, en la práctica, la pérdida de capacidad de decisión institucional en favor de varias «áreas de gestión» con su correspondiente gerente, bien remunerado y elegido a gusto del consumidor, al frente.

El alcalde interpreta que, detrás de tales movimientos, se encuentra la mano del Partido Popular, deseoso de articular formas de oposición al Concello. El propio Pablo Crespo, entonces presidente local de los conservadores, no hace sino reafirmar a Gago en su sospecha al acusar a Ravella de «frenar el desarrollo de Vilagarcía» por desmarcarse del lobby portuario. Entre pitos y flautas llega diciembre y UGT abre una nueva brecha en la propuesta: el esbozo de estatutos del foro ignora absolutamente a los sindicatos. Ni se les invita, ni se les espera.

Vilagarcía estrena 1999 y la gente implicada por fin se decide. Tras varias reuniones desconvocadas, los presidentes de seis entidades -Concello, Autoridad Portuaria, Cámara de Comercio, Federación Comarcal de Empresarios de Arousa, la asociación de comerciantes Centrotiendas (después Zona Aberta) y Fiseva- se dan cita en el Puerto y constituyen el Foro para o Desenrolo de Vilagarcía. Fodedevi acaba de nacer con aspiración de ser convocado cada dos meses y presidencia rotatoria que inaugura el propio Manuel Bouzas.

El asunto, sin embargo, no acaba de cuajar. Y eso que en el debate público hay materia abundante para ocupar a dos o tres lobbys. El que verdaderamente funciona es el de alcaldes del PP en la comarca, que están a punto de privar a la ciudad de una sede de bomberos. Los problemas se suceden sin que Fodedevi se decida a agarrar el toro por los cuernos. Gago reclama el respaldo del foro ante la exclusión de Vilagarcía de los Presupuestos del Estado del 2000, en los que no hay un solo duro para la conexión del Puerto con la AP-9, una de las infraestructuras cuya demanda justificó, precisamente, la creación del difuso ente. Mucho ruido, pocas nueces. Una de sus últimas intervenciones tiene lugar en enero del 2000, para pedir a vecinos y empresarios que no secunden la jornada de paro general convocada por la Plataforma contra los depósitos de Ferrazo. A partir de ahí, el silencio. Y así hasta ahora.