«Yo no tengo prisa. Yo ejerzo mis derechos y conseguí ganar a todos»

La Voz

AROUSA

Su lucha por el estanque y el molino de A Seca comenzó hace setenta años. Se enfrentó a vecinos y administraciones. Ahora advierte que su pelea no ha terminado

22 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La historia de Miguel Prego es la historia de David y Goliat, la del pez chico que se come al grande y la de otras tantas frases hechas. Su lucha por reivindicar la titularidad del estanque de A Seca comenzó cuando apenas tenía 13 años y, siete décadas después, considera que todavía no ha finalizado. Se enfrentó a los vecinos de la zona, a Costas del Estado y a un sinfín de administraciones más que quisieron arrebatarle lo que consideraba una propiedad familiar. Y tenía razón. Se la dio el Tribunal Supremo tras nueve años de juicios. «A mi no hay dinero que me pague por todo esto, por que es toda una vida de lucha», afirma. Pero anima a todo el que se vea en esta tesitura a seguir su ejemplo. «Si todos los gallegos hicieran como yo, otro gallo nos cantaría», afirma.

«Yo tenía 13 años la primera vez que tuve que pleitear con los vecinos», recuerda ahora. Fue de acompañante a un juicio por la titularidad del estanque a A Coruña. Años después, cuando intentaba habilitar un criadero de marisco en esta lámina de agua, «el pueblo de Corvillón se levantó porque el cura tocó la campana a arrebate. Por poco me linchan dos veces», recuerda ahora. E incluso «recibí alguna pedrada». Todo, porque los residentes de la zona querían pescar en el estanque, que consideraban público, mientras que la familia Prego Trigo intentaba explicar que era de su propiedad.

«Yo llevo toda la vida luchando por el estanque», recuerda. Y la lista de administraciones a las que se ha enfrentado es interminable. «Obras Públicas, el Ministerio de Marina, la Capitanía General, la Iglesia -porque denuncié al cura de Corvillón y tuvo que intervenir el cardenal Quiroga Palacios-, la jefatura de caza y pesca y el Gobernador -que me detuvo dos veces injustamente y me sancionó- y varios ministerios más», explica. Todo esto le valió «algunas sanciones. Pero todas me fueron devueltas y quedé libre de culpa», argumenta. Incluso aquella vez que se le acusó de dañar el molino al tapiar las compuertas.

Pero ¿por qué toda esta lucha? «Cuando vivía mi madre nos encontrábamos impotentes por tanta lucha con los vecinos, que entraban cuando querían en la propiedad. Por eso cuando hice testamento le pedí que lo repartiera entre los ocho hermanos, para que todos tuviéramos la obligación de defender el estanque», explica.

Pero en 1999 su pelea no había hecho más que empezar. Llegó Costas y planeó construir un paseo marítimo en el entorno. El Concello quiso expropiarle el molino, pero no los alrededores alegando que pertenecían a Costas del Estado. Pero Prego estaba seguro de que no y, una vez más, así lo demostró. «La investigación la hice yo porque tenía conocimiento de que se en Cambados había unas salinas que, en su día, supusieron una gran industria», explica. Encontró un artículo en la normativa de esta Administración que reconocía la propiedad privada donde entre el agua del mar y esta sea regulada por la acción del hombre. Eso pasaba en A Seca.

Prego demostró que el estanque no es una entrada natural del mar, sino que fue construido para aprovechar el espacio como salina. Pero tuvo que llegar hasta el Tribunal Supremo para que Costas le escuchara. Mientras duró todo el proceso, la Administración central construyó buena parte del paseo, dejando solo pendiente una pequeña parte. En esta intentaron también entrar las máquinas, pero Prego y otros vecinos de la zona se lo impidieron en varias ocasiones.

Ganancia para todos

Nueve años tardó la sentencia final, que le reconocía todo su derecho sobre las propiedades de A Seca. Y Prego no fue el único beneficiado por ella. «Debido a la sentencia del Tribunal Supremo la administración de Cambados salió favorecida en más de doscientos millones de pesetas», asegura. Y es que si el estanque era propiedad privada, todas las fincas que lo rodeaban, también. «Antes no se podía edificar a menos de 200 metros del estanque y ahora se puede», añade.

Sigue la pelea

Ni siquiera la sentencia del Tribunal Supremo ha servido para poner punto y final a esta lucha. «Mi máxima satisfacción sería que ahora Costas se haga cargo del estanque, para evitar la contaminación que ocasionan todos los desagües», afirma. La Administración se negó a abonar ni un euro por la lámina de agua, alegando que en ella no se había cometido obra alguna. Pero Prego no está de acuerdo. Considera que los trabajos realizados en el entorno han contribuido a contaminar un espacio en el que cuando era pequeño «se criaban anguilas y marisco de buen tamaño», afirma. Por eso considera que Costas tiene que pagar por todo el daño causado.

A pesar de todo, Prego asegura que no está cansando, «al contrario, ahora tengo más armas. Lo sufrido está olvidado», argumenta. Ni siquiera el tiempo le ha hecho perder las ganas, «yo no tengo prisa. Yo ejerzo mis derechos y conseguí ganar a todos». E incluso anima a otros a hacer lo mismo. «Que los que tengan que defender sus intereses denuncien, para que la Administración se de cuenta y tome cartas en el asunto», concluye este terco cambadés.