Benito Doval y su mujer, Rosa, no olvidarán fácilmente el día de ayer. A eso de las nueve de la mañana, cuando se acercaban a una de sus dos bateas, notaron que algo raro pasaba. En la plataforma, situada en el polígono A de Cambados, las cosas no estaban igual que las habían dejado la tarde anterior. En cuanto se acercaron descubrieron lo dramático de los cambios que se habían producido: casi todo el mejillón se había ido al fondo, empujado por una mano desconocida y sin escrúpulos que había cortado las cuerdas.
Los daños ocasionados fueron cuantiosos. Por la mañana, Benito Doval apenas conseguía templar sus nervios para relatar sus pérdidas. En el fondo había 2.200 bolsas de mejillón listo para comercializar en el mercado italiano, y algo más de 200 cuerdas de mejillón. Estas últimas habían sido cortadas a conciencia, «con moita mala fé», dificultando su rescate del fondo.
«A miña muller e máis a min botáronnos á ruina», contaba ayer, pocas horas después del terrible descubrimiento, Benito Doval. El atentado perpetrado contra su propiedad había sido denunciado ante la Guardia Civil, pero el bateeiro arousano apenas confía en que se vaya a descubrir a los responsables de esta acción. Antes que él, tres productores arousanos vieron como su producción se iba al fondo del mar sin que haya pasado nada. «Da que pensar que as autoridades están a tapar aos delincuentes», decía ayer el irritado mejillonero arousano.
Benito no duda de que el suceso del que ha sido protagonista está relacionado con las convulsiones que atraviesa el sector bateeiro. «Supoño que esto que me fixeron foi por que botei un pouco de mexillón o xoves», dice. Pero es que, teniendo en cuenta donde está su batea, «non podo facer nada máis que mexillón para Italia».
La última víctima de un sabotaje pertenece a una minúscula asociación de bateeiros de Vilanova, Ansuíña, que desde que se inició la última crisis se integró en Amesa, una organización de bateeiros que tiene su cuerpo central en la ría de Vigo.