Galicia fue siempre una tierra muy melancólica, orgullosa de su tradición y su historia particular. Tanto es así que localidades como Valga se niegan a ver desaparecer las viejas costumbres. De hecho, ayer tuvo lugar la malla del trigo, cereal que por su parte había sido plantado y segado un tiempo atrás a la antigua usanza. El colegio Ferro Couselo, en Cordeiro, fue el lugar escogido. Podría pensarse que de todos los parajes donde se podía celebrar un acto de estas características, quizás este, era el menos indicado. Pese a todo, la actividad no perdió su encanto tradicional, gracias, en parte a las vestimentas con las que los más pequeños, muy graciosos, se dejaron ver y fotografiar.
Robustos aldeanos, alguno de ellos con más de nueve décadas cargadas en su mochila, desataron los «monllos» de trigo y tendieron las plantas del cereal al sol. Como si de un baile regional entre hombres y mujeres se tratase, cinco hombre se situaron frente a otros cinco. Mientras unos avanzaban los otros retrocedían. Todos golpeaban el trigo con el «malle». Y como en el hundimiento del Titanic, las pandereiteiras no dejaron de tocar.
Parece que este año se puede hablar de una buena cosecha de más de trescientos kilos de cereal. La tarde iba cayendo. Las primeras brisas iban enfriando el ambiente pero en Valga todavía quedaban cosas por hacer: «peneirar o trigo» para dejarlo secar durante unos días y transportarlo hasta el muíno Parasita de la localidad. Empezará entonces la molienda del trigo que, depositado en buenas manos, dará lugar a unas ricas empanadas y pan.