Constructores de toda la vida

AROUSA

La saga de los Abalo lleva más de medio siglo promoviendo y edificando en Arousa, y seguirá haciéndolo tras una crisis que achaca a los propietarios de terrenos y la banca

14 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

A las maduras. Y a las duras. Más de medio siglo de trabajo en la promoción y construcción de viviendas son el aval de la saga de los Abalo frente a la peor crisis del sector del ladrillo que se recuerda en España. Una crisis que lejos de alarmar a Martín y su hijo, Javier, es bien recibida en la empresa familiar, en la que el crack se ve más en positivo que en negativo. Porque para quienes llevan dedicándose a esto toda la vida, «lo que está pasando ahora va a poner a cada uno en su sitio». O como dice Martín, «os que viñeron facer a feira, marcharánse». Y los constructores de toda la vida, «los que hacen negocio para poder vivir y seguir trabajando, vamos a seguir adelante», comenta con orgullo Javier.

Diecisiete años tenía Martín Abalo cuando se tuvo que poner al frente de la pequeña empresa de su padre, al fallecer este muy joven. Desde Trabanca Badiña, Vilagarcía, la familia Abalo puso en marcha una pequeña promotora y constructora. «O meu pai construía casas. Tiñamos dez ou doce obreiros. Daquela había moita man de obra e pouca maquinaria», recuerda Martín, jubilado el año pasado, al echar la mirada medio siglo atrás. «Cando comezamos tiñamos unha formigoneira, e nada máis. Subías o ladrillo pranta a pranta. Aquilo era tercermundista».

Con el paso del tiempo la empresa se fue mecanizando y encadenándose las promociones, hasta superar el millar de viviendas salidas de la iniciativa de los Abalo. Vilagarcía, pero también Vilanova, Cambados, Sanxenxo, O Grove y Catoira figuran en su mesa de trabajo. Obras entre las que la saga de Trabanca Badiña destaca los 40 apartamentos con los que hace 30 años se sumó a los pioneros de la construcción en San Vicente, o la urbanización del barrio vilagarciano de O Piñeiriño («El 80% lo edificó mi padre. Unas 400 o 500 viviendas», apunta Javier). El barrio de Os Duráns, también en la capital arousana, es su nueva cantera . «Llevamos cerca de 200 viviendas en estos últimos 13 años», contabiliza el hijo de Martín.

Su primer contacto con el negocio familiar le llegó pronto a Javier. «Tenía 14 años y me quería comprar una moto. Me pasé dos veranos trabajando en una obra de O Piñeiriño como peón de albañil. Entonces ya teníamos grúa, pero no era suficiente con tanto trabajo, y tenía que subir cubos de masa varias plantas». Pero aunque parezca mentira, «el trabajo no me desagradaba».

La empresa entonces se llamaba Abalo y Rebolo, fruto de una sociedad compartida por las dos familias que le daban nombre. En 1995 Martín volvió a montar una firma en solitario, ahora dedicada tan solo a la promoción, e invitó a su hijo, que por entonces vivía en Santiago, a sumarse al proyecto. «Vine a probar, y al final, descubrí que esto es lo único que sé hacer», confiesa Javier.

En 50 años Martín vivió épocas de vacas gordas y vacas flacas. Por ello, puede decir con conocimiento de causa que «estes últimos anos foi o boom da construcción en España». Y su hijo lo refrenda. «Hace un tiempo un banco llegó a ofercernos 1.000 millones de pesetas para que pudiésemos comprar suelo. Las quince sucursales bancarias de Vilagarcía se pasaron por aquí en el momento del auge».

Sin negar que «hubo promotores avariciosos», para los Abalo la responsabilidad de la crisis actual hay que buscarla en dos frentes. «En moitos casos o prezo dos pisos veu provocado polo custe do solo. Porque antes de construír, o dono do solar lle meteu unha clavada ao promotor». Y para ejemplo, un botón. «Hace cinco años comenzamos a negociar un solar por 35 millones, y acabamos pagando 130», relata Javier. El problema era que «o lo comprabas, o se te metía la competencia». «Antes eramos seis ou sete no negocio, pero hai cinco anos isto desmadrouse, e o que se fixo rico foi o dono do solo».

Así lo sostiene Martín, que junto a su hijo acusa a los bancos de ser el otro gran culpable de la crisis: «Pasaron de ofrecer todo a cerrar el grifo por completo».

Martín cree que «as caixas van comezar a ir abrindo de novo o crédito». Sea o no así en su empresa, ahora dirigida por Javier, «no vamos a tener problema. El suelo que tenemos ahora lo adquirimos con nuestros recursos, y hace algún tiempo que dejamos de comprar. Vamos a ir al ritmo que marque la crisis». La experiencia es un grado.