De la Mobilette a la Play Station

V. Mariño

AROUSA

En Vilanova quizá alguien no sepa como se llama la calle principal pero todos saben que allí está «a de Leiro»: una ferretería con medio siglo de historia

24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Mecánico de profesión, Benito Leiro Paz hizo realidad en 1955 el sueño de abrir un negocio propio. En 1944, con 14 años, ya reparaba motores de barco en el taller de Pérez Lafuente, en O Cabo, y poco después se atrevió con los diésel de los autobuses de Pereira, en Vilagarcía. Pero aquel 1955 le dieron vacaciones y con 25 años decidió dar forma a su ilusión: montar su propio taller en Vilanova.

Primero abrió un pequeño taller de bicicletas detrás del Concello y, poco más tarde, se trasladó al local del señor Benitolo, en Vilamaior, en la avenida González Besada y a escasos metros del negocio actual. A las bicis le siguieron las Mobilette, los bidones de batea, los motores de barco y, casi sin querer, empezó a vender herramientas y electrodomésticos. Benito y su mujer, Carmen Conde, recuerdan perfectamente el primer hornillo de butano Butsir que entró en su establecimiento. Aquel novedoso artilugio causó sensación, como lo hicieron las motobombas.

En el año 1965, Leiro vendió unos cien motores de riego Clinton . «Ao principio a xente non se fiaba, porque eran moi liviáns e pensaban que non ían funcionar, pero foi un bum. Fixemos propaganda na emisora parroquial e viñan de todas partes a comprar os Clinton , incluso da outra banda da ría». Costaban 8.500 pesetas.

Tertulia y caldeirada

Pero «la de Leiro» era más que un taller y una ferretería. «As veces parecía un bar, cando acabábamos, a iso das sete, tocaba tertulia e aparecía por alí unha chea de xente, médicos, mestres, operarios..., de todo», relata el veterano empresario. Y muchas veces, al entregar un motor en el puerto, les regalaban mejillones, de modo que la charla se acompañaba con una caldeirada . Era otros tiempos y el ritmo era más pausado.

Electrodomésticos Leiro S. L. es hoy un moderno establecimiento de 400 metros cuadrados en cuyas estanterías se puede encontrar una amplia gama de productos que van desde el teléfono móvil hasta menaje para el hogar pasando por lavadoras y neveras. Los pagos se hacen ahora en euros y el crédito se tramita con el banco, pero la de Leiro conserva aún parte de sus raíces. Mantiene la parte antigua de la ferretería con el mismo mostrador -aunque remozado- en el que se han despachado tornillos, bombonas, cables y mangueras durante cuatro décadas. Por allí pasó «todo Vilanova e parte do extranxeiro», enfatiza. Y es que en esta entrañable ferretería compraron, también, los primeros turistas que venían a tomar los baños a As Sinas o al Terrón, y sus hijos siguen acudiendo, a veces solo por saber de Benito.

Desde su jubilación, él pasa la mayor parte de las horas cuidando de sus viñas y desmontando aparatos en el taller de su casa. Pero los Leiro siguen al pie del cañón. De sus cuatro hijos han sido los más jóvenes, Carlos y Sonia, los que han seguido con el negocio. Carlos ya lleva 20 años, tiempo suficiente para notar el gran cambio que ha experimentado el sector. A Benito, lo de vender Play Station y MP3 ya le queda muy lejano, pero tiene claro que las premisas para que el negocio vaya bien deben ser las mismas de siempre. «Para nós o máis importante foi que a xente se sentira a gusto». Y en ello puso él y su familia todo su empeño.

Benito es una persona muy conocida y apreciada dentro y fuera de Vilanova. Sus inquietudes le llevaron a ser concejal, vocal de la Cámara de Comercio, presidente de los empresarios, directivo de varias APAs, juez de paz y hasta Rey Mago.

Recuerda muchas anécdotas, como aquella vez en la que él y siete amigos acabaron empotrados en una casa de Tarrío probando el chásis de un camión en los años 50. Al año siguiente hicieron una misa y una comida para recordar un episodio que aún hoy le suscita carcajadas. «Hai para un libro». Quizá su hijo, el periodista Benito Leiro, recoja el guante.