Ayer, á noitiña, en la plaza de A Peixería empezaba la despedida de Albarousa. Después de varios días dando de comer y de beber a cientos de personas, la feria del albariño de Vilagarcía decía hasta el año que viene. Se despidió, como suele hacerlo, entregando los premios a los mejores vinos. La medalla de oro en barrica fue para Aguiuncho. En grandes bodegas el oro fue para Casa da Barca, la plata para Bouza do Rei y el bronce para Terras de Lantaño. El podio de las bodegas artesanales lo ocuparon O Vello Bodegueiro, Veiga Naum y O Piorno. Los orígenes. Con tanta agua -fría por fuera, ardiente por dentro- puede que a muchos se les haya olvidado que lo que ayer celebraba Vilagarcía era la festividad de San Roque. La procesión matutina, reconvertida en una pagana batalla a calderazo limpio, deja muchos heridos que se retiran en cuanto pueden a sus aposentos a recuperarse. Para todos ellos habrá pasado desapercibida la procesión vespertina, esa que cada tarde del 16 de agosto pola noitiña envuelve al santo en ese ambiente de religiosidad y solemnidad que parece acompañarlos cada vez que salen a la calle. Aunque muy muy lejos de la marabunta que acompañó al santo hasta la capilla, por la tarde fueron bastantes los fieles que lo custodiaron en su vuelta a la iglesia parroquial. En esa comitiva no faltaron los políticos. Más concretamente, los del ala derecha de la oposición. Allí estaba Tomás Fole y otra gente del PP. Y allí estaba también Rivera Mallo, que volvió a una procesión tras varias ausencias. Ellos fueron las únicas autoridades presentes en ese acto confesional al que, esta vez, no asistieron representantes de los cuerpos de seguridad.