Toda una vida en la ferretería

M. Alfonso redac.arousa@lavoz.es

AROUSA

22 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Tras cincuenta años trabajando, a Ramón Falcón Padín , más conocido como Chicho , le ha llegado el momento de la jubilación. La suya es la historia de muchos de los trabajadores de este país, pero con una peculiaridad. Desde los 13 años y hasta los 65 este cambadés ha trabajado siempre para la misma empresa. La suya es también la historia de Establecimientos Otero, una de las firmas más conocidas de Cambados. Allí llegó «cuando todavía llevaba pantalones cortos», recuerda ahora, y allí se jubila esta misma semana. Sus compañeros le rindieron ayer un cálido homenaje con una cena para agradecerle sus años de labor. Al fin y al cabo Chicho ha visto empezar a trabajar a los setenta empleados que hoy en día conforman Establecimientos Otero. Cuando los estudios no eran para todos. Cualquiera de sus compañeros lo sabe. Chicho es como un libro abierto. Tiene una memoria prodigiosa y todavía recuerda cómo eran los tiempos en los que él empezó a trabajar. Llegó a Otero tras terminar los estudios, «porque antes solo había el libro gordo de Petete y, cuando lo acababas, o te ibas fuera a hacer bachiller o empezabas a trabajar», afirma. Su padre ya trabajaba en la compañía que, por aquel entonces, tenía cuatro empleados. Y cuando Pepe Vilas , propietario de la firma, se fue a la mili, «hacía falta alguien más», sostiene. Así llegó a la entonces ferretería, que ya nunca abandonó. Pero no por empezar a trabajar descuidó sus estudios. «Mi gran formación fue de noche», recuerda. Don Clemencio , el maestro cambadés, les daba clases de «plan contable y sistemas de comercio». Así fue como, poco a poco, -«a veces estudiábamos hasta las doce de la noche»-se hizo con los libros de esta firma. Tarea que ha desempeñado hasta esta misma semana.

Del comercio en el que él empezó a trabajar poco queda ya. «Ya estaba hecho el edificio de ahora, pero era más pequeño y teníamos cuatro empleados», asegura. Además de la ferretería, Otero era entonces corresponsal de tres bancos y vendía ya productos fotográficos. También gasolina. «La gente venía a buscarla desde A Illa y O Grove porque los barcos se suministraban aquí», explica. En la ferretería, resume, «no siendo de comer, había de todo». Fue en los años sesenta cuando las cosas cambiaron. «Vino el gran despegue de la emigración y la gente se marchó a navegar. Se construyeron barrios enteros de Cambados como el de Beleco o los de San Tomé», afirma. Y Otero creció con el municipio, «cuando Pepe cogió el mando». «Antes era un comercio de pueblo y Pepe Vilas fue el que le dio el gran impulso. Como ahora están haciendo sus hijos», afirma. Para su jefe, solo tiene halagos, al igual que para sus compañeros. «Hoy somos setenta personas en todo el grupo y todos los días aportamos nuestro granito de arena», asegura. En cincuenta años, su trabajo ha sufrido numerosos cambios, como la llegada de la informática. «Al principio no teníamos fe ninguna porque nos preguntábamos y si esto se equivoca ¿qué hacemos?», recuerda con una sonrisa. Las épocas de crisis. Ahora que está tan de moda hablar de crisis, Chicho recuerda cómo eran las peores épocas de entonces. «La gente te llevaba cosas todo el año y no te pagaba, por ejemplo, hasta que cobraban la campaña de la costera», afirma. Entonces no había tarjetas de crédito, «y financiábamos durante un año a muchas familias. Esa era la crisis». También hubo épocas buenas, «como cuando los mariscadores iban al can y venían con 50.000 pesetas cada día cuando los sueldos mensuales eran de 25.000». Y así podría seguir contando mil historias. Pero «ahora tiene que venir otra gente, coger la bandera y seguir lidiando con el toro». A Chicho le ha llegado el momento de tomarse un merecido descanso.