Cuando PSOE, BNG, PG y EU sellaron el pacto de gobierno se hicieron quinielas sobre la duración de la alianza. Un año después, sobrevive, que no es poco
01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Las elecciones municipales de mayo del 2007 hicieron honor a la tradición en O Grove. Dejaron un mapa político fragmentado como pocos -solo Pontecesures llega a estas cotas en la comarca- compuesto por seis formaciones en una corporación de 17 ediles. Pero hubo un cambio fundamental: el poder cambió de manos y, aunque la del PP fue la lista más votada, la política de pactos hizo posible que el PSOE recuperara la alcaldía ocho años después.
Tras unos días intensísimos de negociaciones, Fredi Bea hizo inclinar la balanza en favor de la alianza de izquierdas y el 14 de junio del 2007 José Antonio Cacabelos (PSOE), Carlos Álvarez Besada (BNG), Xan Lamelas (Esquerda Unida) y Fredi Bea (Partido Galeguista) firmaban el pacto y se hacían la foto para la historia en el hotel Villa Juanita.
Un año después, el balance de mandato en O Grove es denso como pocos. El cuatripartito ha tenido que sortear problemas internos y externos y ha acusado su falta de experiencia: de sus nueve miembros solo tres habían tocado la política municipal y entre los más novatos está el alcalde, José Antonio Cacabelos.
Desencuentros
El socialista ha tenido que hacer un máster acelerado sobre gestión municipal y aprender a moverse en la cuerda siempre floja sobre la que se sostiene un gobierno a cuatro bandas, y el cuatripartito ha sido capaz de mantener el equilibrio y no caerse. Ni cuando en febrero se produjo un encontronazo entre BNG y PSOE ni en abril, a propósito de las diferencias surgidas en relación a la privatización del servicio de la limpieza.
Un año después, este equipo aguanta, pese a que algunos pronosticaban que no iba ni a llegar a las uvas del 2008. El cuatripartito comió el turrón y ahora soplará la vela de su primer año de vida. Ha tenido cintura suficiente para adaptarse a las sensibilidades y los intereses dispares de los cuatro grupos ante asuntos tan controvertidos como el tiro al pichón, la ubicación de la depuradora de aguas residuales o el modelo de gestión de los servicios públicos. No le han faltado encontronazos con asociaciones de empresarios y hasta con el comité de empresa del Concello y la oposición tampoco se lo ha puesto fácil. Pero el cuatripartito ha sabido aguantar el tipo.