Si las habilidades de estos pequeñajos se desarrollan a la misma velocidad que sus experiencias en el colegio, prepárense para agarrarse en las curvas. Hace una semana, los chavales de toda Vilagarcía subían al Xiabre, que todavía restaña sus heridas, para plantar árboles. Ayer, casi los más pequeños de A Escardia -tienen cuatro años, las criaturas- aprendieron a amasar el más básico de los alimentos elaborados por la mano del hombre: efectivamente, el pan. Un total de 25 jóvenes aprendices convirtieron el aula de la profe Mari Carmen en un obrador con horno incluido.
Las labores de la cocina no son nuevas en A Escardia, puesto que cada viernes, a eso de las cinco y media de la tarde, la asociación de pais e nais desarrolla un pedazo cursillo de fogones para los más jóvenes de la casa. Ayer, además de la meritoria e inquieta gente del ANPA, colaboró en la iniciativa el panadero Sindo, de Cambados, que introdujo para gozo de grandes y pequeños un ingrediente más en la mezcla de harina, agua, sal y levadura. Nada menos que una serie de colorantes que hicieron las delicias de la chavalada.
Fueron generosos y espabilados los aprendices. Tanto y con tanto tesón trabajaron, que a las dos menos cinco, la hora de salida del colegio, la mitad de ellos todavía mantenían en el horno el producto de tanta laboriosidad. Sindo no tuvo problema en esperar a que la hornada saliese de fábrica. Y muchos menos problemas tuvieron los padres, madres, hermanos y amiguetes mayores y pequeños de los artistas, que recibieron un sabroso premio a su paciencia. De primera.