Empeñados en enriquecer los atractivos de A Toxa con una dosis de cultura y espectáculo, Hesperia trae esta noche hasta el Gran Hotel el musical Rocío no habita en el olvido. Un homenaje a la más grande, a la Jurado, trenzado con más de treinta canciones y la potente y polifacética voz de Eva Diago. La de esta noche no es una actuación cualquiera para esta mujer y para quienes la acompañan en esta aventura: es la primera vez que el espectáculo se somete al juicio del público. ¿Por qué han elegido A Toxa para el estreno? «¿Y por qué no?», contesta, vacilón, el autor del libreto, Nacho Artime.
En estos tiempos que corren, cada vez que se anuncia un homenaje a un artista hay que echarse a temblar: ejércitos de hormigas se abalanzan sobre los personajes para dejar a la vista sus miserias. Pero eso no es lo que hoy va a pasar en A Toxa. «Hemos apostado por hacer teatro, no por hacer un repaso por el Hola y el Semana», apostillaba ayer el director musical de la obra, César Belda.
Dicen quienes ya han visto a Eva Diago en acción que, cuando se sube al escenario y se arranca con canciones de la Jurado, parece que la chipionera está con ella bajo los focos. No es de extrañar que así sea. Eva conoció a la más grande, vivió en Chipiona muchos años, y derrocha energía y poderío. Pero, además, la vida de esta cantante especializada en musicales está empapada por el espíritu de la Jurado. Su madre era una gran fan, y la primera canción que la pequeña Eva se aprendió de memoria fue el Amor Marinero. Aún hoy, en la intimidad de su casa, una Eva hecha y derecha sigue utilizando las canciones de la Jurado para desahogarse, para llorar y para reír.
Dice quien interpreta a la más grande que lo que más trabajo le ha costado es hacerse con los gestos de la chipionera. «Ella se hizo a si misma y eso se nota, en su seguridad y en esa forma de abrirse de brazos ante el público». Meterse en la piel de la Jurado exige una energía que, dice Eva, a veces parece faltarle. Sin embargo, cuando eso ocurre, sobre el escenario cuenta con un apoyo que no tiene precio: Tony River. Él encarna a un personaje al que Rocío Jurado se enfrentó con fortaleza, pero al que no pudo vencer: la muerte.
Y es que el musical que hoy se escenifica arranca de un hecho real: el homenaje que poco antes de su muerte rindió Televisión Española a Rocío Jurado. «Ella sabía que iba a ser su última actuación», argumentaba ayer el director de la obra, Juan Polanco. En su camerino, la Rocío encarnada en Eva Diago recibe la visita de la muerte. Y ambos recuerdan, juntos, muchas escenas de la vida de la chipionera. Como en todo buen repaso hay momentos de intenso dolor mezclados con otros de implacable risa. «La parte más dura, para mí, es la parte final de la obra. Porque a Rocío se le va escapando la vida. Tiene una carga emotiva muy fuerte y yo soy muy llorona», cuenta Eva Diago. Esta noche, los aplausos del público la resarcirán de todas las amarguras que sienta sobre las tablas.