La cuna de la industria en Vilagarcía

AROUSA

El jardín de Artime no solo constituye un espacio arbolado singular; en él se conserva la estructura de la primera fábrica que funcionó en la ciudad: una curtiduría de 1794

04 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El anterior gobierno local de Vilagarcía dio un primer paso para la recuperación del patrimonio fabril de la ciudad al proteger expresamente la chimenea de Larsa. Ahora, con la revisión del Plan Xeral de Ordenación Municipal en ciernes, el reto de Ravella pasa por extender esta protección a toda una serie de espacios en los que todavía puede rastrearse la historia industrial de la capital arousana. Entre ellos, uno que siempre ha destacado por su importancia botánica, el jardín de Artime. En él, además de un taxodio (también llamado ciprés calvo) incluido en la Guía de Árbores Senlleiras de Galicia, se encuentra la estructura de una de las primeras actividades industriales de la que hay constancia en el municipio: una curtiduría implantada a finales del siglo XVIII.

En realidad, el lugar se encuentra a caballo de Carril y Vilagarcía, que se mantuvieron como ayuntamientos independientes hasta 1913. Un informe del juez Domingo Mareos sobre la villa carrilexa se refiere a la fábrica en estos términos: «A la salida de esta villa y en término de su jurisdicción existe una fábrica o tenería de curtidos establecida en el año 1794 con Real aprobación, en el paraje que se denomina Brañas de Area, de la que es dueño don Ramón Pérez Santa María, vecino y el comercio por mayor de Santiago». «En ella -prosigue el texto- se ocupan 30 personas además de otras que tienen a su cuidado y por su cuenta el acopio y venta de la corteza de roble, cuya fábrica sigue con buen éxito y aprecio de sus manufacturas».

La presencia de la curtiduría arousana es recogida, también, por Lucas Labrada en su Descripción económica del Reino de Galicia , elaborada en 1797.

Desde Artime es posible rehacer la imagen de aquella ría de Arousa de la que hablan los documentos. Una villa, Vilagarcía, en la que pocos años después funcionarán telares de lienzo y fábricas de salazón. Aunque la importancia de estas últimas nunca alcanzarán el papel fundamental que esta ocupación desempeñó en Vilaxoán. En la misma época en la que se fundaba la curtiduría, en Vilaxoán «hay catorce catalanes que costean la pesca y salazón de la sardina, en cuya maniobra se ocupan al tiempo de la cosecha 112 mujeres y 28 hombres, y aquellas empleaban en hilar el resto del año», señala Labrada.

¿Qué queda hoy en día de todo aquello? En Artime se observa todavía la estructura de la antigua factoría, aunque sobre parte de los terrenos que ocupaba se levanta la vieja zona residencial de inspiración pacega que constituye el núcleo de las edificaciones actuales. En el arco que da entrada al magnífico conjunto se lee aún, desde el patio central, la inscripción fundacional de la residencia: «Edificó Ramón Perez Santa María. Año de 1800». La secuencia, por tanto, indica que primero fue la curtiduría y después, seis años más tarde, llegaron las viviendas.

Un informe de los servicios técnicos municipales recomienda al Concello la adquisición del jardín de Artime por considerarlo una zona verde, un pulmón excepcional. La finca, que se abre frente al balneario de A Compostela, es titularidad de varios herederos pertenecientes a la misma familia, que regularmente visitan y habitan las dependencias. Una compra no parece fácil. Pero la protección urbanística es cuestión de voluntad política. Y esa voluntad parece firme. Quien desee profundizar en este período puede consultar, por otra parte, obras como Historia y vida de la ría de Arousa , de Manuel Fajardo, o Vilagarcía, Vilaxoán y Carril, de Manuel Villaronga.