Aquel tipo que jamás saludaba

Serxio González serxio.gonzalez@lavoz.es

AROUSA

«Oye, ese amigo tuyo es un poco raro, ¿no?». «¿Quién, Mejuto?». «Ese, Mejuto. Un día me saluda, al siguiente se cruza conmigo y ni me conoce». «Ehhh, bueno, Mejuto... es así». Y así es, como el fútbol. Vítor Mejuto se despide de Arousa después de catorce años para ocupar la jefatura de fotografía de La Voz. Catorce años en los que, además de disparar su cámara con precisión de cirujano, ha concedido saludos como el ciego que reparte palos, a la buena de dios. Eloy Magariños divulgó en antena, el mismo día en que nuestro hombre hacía el petate, uno de los rasgos que quedarán impresos en la memoria colectiva de esta comarca hasta que el manto del tiempo nos haya cubierto a todos de olvido y otros ocupen nuestro sitio. Mejuto, ese tipo al que le cuesta saludar y lo explica con una frase: «Es solo trabajo, Jack, nada personal».

El asunto es que el viernes por la noche tocó decirle adiós a Mejuto de la única forma en la que sabemos hacerlo: cena, regalos y copas, algún que otro discurso con progresión emocional geométrica, siempre en función del número y potencia de los cancarros que vayan cayendo, e inmersión profunda en la madrugada. La cita, con prolegómeno en Os Arcos, se desarrolló en La Goleta -buen jarrete de la casa- y se prolongó en el Gotham, el Musaraña, alguno que otro se desvió hacia el Moe's, y, ya en la prórroga, el Sama-Sama, cruzado el Rubicón. Veintitantos nos reunimos para la ocasión. La mayoría seguimos dando la murga por aquí desde diversos medios y bajo distintas formas, por lo que resultaría tedioso detenerse en alineaciones interminables. Si acaso mencionar a dos viejos conocidos, Mercedes Escauriaza y Serxio Barral , delegada y redactor, respectivamente, de La Voz en Pontevedra. Serxio anduvo más tranquilo, el hombre, pero Mercedes bailó cual peonza en impactante dueto giratorio con Silvia Fexdega Baña hasta que el comandante administrador Larrubia cogió el coche y mandó parar.

Entre unas cervezas y otros gintónics, la memoria fue haciendo su trabajo mientras la noche caminaba hacia su incierto final. En junio se cumplirán diez años desde que un servidor llegó a Vilagarcía como de rebote, con intención de amarrar seis meses, un año como mucho, y volar hacia otra parte. A la vista está que no ha sido así. Y esta permanencia que se ha ido haciendo plácida con el cíclico transcurrir del tiempo -diez fiestas del agua, diez desembarcos de Catoira, diez Outonos Micolóxicos, diez Festas do Albariño, dez cuncas de case todo- fue tejiendo una cómplice colaboración para servirles, cada mañana, un nuevo periódico con el desayuno. Los estantes de la memoria. Hay en este cesto enorme escenas conjuntas memorables, algunas absurdas y cenagosas, como para editar una enciclopedia de periodismo desde la trinchera. La forma tremenda de tomar las curvas subiendo y bajando Lobeira. La tarde en que una conocida familia de furtivos habitantes de Corea (As Sinas) vino a por nosotros y nos guindó las llaves del coche en las narices del antiguo juzgado. El asunto estuvo a punto de acabar como un episodio de Los Soprano , con guardaespaldas incluidos. La entrevista en la que Nené Barral, entonces alcalde de Ribadumia, confesó gobernar su Concello «con hombría» y ser aficionado a dibujar planos, parcelas y polígonos «coa súa rústica». El viaje suicida de 800 kilómetros hasta el País Vasco bajo las peores nevadas que se recuerdan, una aventura que sirvió para acuñar el verbo vascongar , concepto hermético al alcance de unos pocos iniciados. La epopeya completa del Prestige . Juan Oliver, hoy corresponsal de La Voz en Bruselas, no pudo evitar el comentario al observar las fotografías de dos tipos peludos que identificaban nuestras crónicas: «Parecéis la portada de un disco de los Creedence». Con el agua de las inundaciones al pescuezo. Escapando por los pelos de una aldea de Cesures cercada por el fuego. Huyendo de las gaviotas que anidaban y se lanzaban en picado sobre nosotros en las Cíes....

Así que, ya saben, la próxima vez que se crucen con Mejuto salúdenle, porque forma parte de su historia. Es muy posible que, en esta ocasión, el abismo les devuelva el saludo. E incluso sonría. En realidad, Jack, nunca ha sido solo trabajo.