Sus Majestades recorrieron ayer todos los rincones de la comarca para traer sus regalos a niños y mayores. Eso sí, traían pocas wii: un señor gordito se las había llevado
06 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los Reyes son mágicos y se nota. Ayer amaneció orballando en Vilagarcía, pero a la hora en la que los barcos de Sus Majestades estaban a punto de llegar al puerto, el agua dejó de caer y permitió que miles de ciudadanos saliesen a la calle para ver el espectáculo. Un buen número de personas esperaba ya a los Magos a su llegada a tierra. Nada más desembarcar quisieron dirigir unas palabras a los presentes. Fue Melchor el encargado de hacerlo y también de transmitir una mala noticia: no tenían wii, porque un señor gordito se les había adelantado y se las había llevado todas. Ahora bien, sus pajes estaban recorriendo todos los rincones para encontrar las más posibles.
Lo cierto es que con wii o sin wii, los Reyes trajeron mucha ilusión y muchos carramelos - sin gluten- a las calles de Vilagarcía. A las siete de la tarde comenzaron su recorrido. Desde Arabia, desde Egipto, e incluso desde la antigua Roma,... desde todos los lugares llegaba el amplio séquito que les precedía en su itinerario. Las antorchas y la música anunciaban a la gente que se amontonaba en las calles el inminente paso de las carrozas y, de pronto, al fondo se traslucía un Rey y los niños comenzaban a emocionarse y a pedir caramelos. Los regalos llegarían más tarde. Por el momento iban guardados a bien recaudo en unos cofres que precedían a cada uno de los Magos.
Mientras Sus Majestades de Oriente desfilaban por las calles de Vilagarcía, una multitud estaba ya esperándoles impaciente en la plaza de Ravella, donde los tres monarcas tenían previsto recibir y entregar regalos a los pequeños.
El paje que los esperaba anunció a los impacientes súbditos que Sus Altezas se estaban entreteniendo porque tenían muchos caramelos, nada menos que dos mil kilos, para repartir. Pero por fin llegaron. Su presencia fue anunciada con bombas de artificio y cañones de luz que iluminaban la pasarela por la que los Reyes entraban en la Casa Consistorial.
Bajo este espectáculo de luz y sonido, y acompañados en todo momento por la alegría de la música y las risas de los más pequeños, Sus Majestades llegaron hasta el salón noble y, por fin, tras largas horas de recorrido, pudieron reposar en sus tronos. Lo hicieron, eso sí, recibiendo a todos los niños que quisieron compartir con ellos unos momentos. Una vez acabaron, comenzó la tarea del reparto nocturno de juguetes.