Algo está cambiando en el mundo del mejillón. La crisis se cierne amenazadora sobre el sector, y a los bateeiros se les ha acabado el tiempo de perderse en batallitas internas y vendettas de todo pelaje. Las nuevas directivas de Opmega y Amegrove parecen ser conscientes de que las oportunidades de reflotar al sector, al igual que la paciencia de los socios de base, están a punto de agotarse. Y por esa razón, los equipos presididos por Francisco Dios y Francisco Padín han decido sentarse y han demostrado que hablando puede llegar a entenderse la gente. El pasado viernes, después de dos reuniones previas de sus directivas, las asambleas de Opmega y Amegrove acordaron abrir una nueva etapa en las relaciones entre ambas entidades. El tiempo del hacha de guerra y de los pleitos judiciales parece haber pasado para dejar paso a una etapa de colaboración y de «concordia total», en palabras del presidente de la central mayoritaria del sector. «Bastantes problemas temos en frente nosa como para andar a líos entre nós», argumentaba Francisco Dios. Ese mismo razonamiento ha sido verbalizado por quienes han dirigido al sector en los últimos años. Sin embargo, la llamada a la unión se ha quedado siempre en simples palabras, y el sector se ha ido desgajando sin que nadie le pusiese freno. Francisco Dios está seguro de que en esta ocasión no va a ser así. En el caso de Opmega y Amegrove, la entrada de sangre nueva en las dos directivas ha hecho más fácil poner punto y final a las viejas rencillas. «As reunións que tivemos foron estupendas, houbo moita sintonía porque as dúas directivas temos claro que o que temos que facer é producir e vender mexillón», explica el presidente de Opmega. Ese optimismo, y esas ganas de iniciar una etapa de concordia, se extiende también a las asambleas de ambas organizaciones, que apoyaron sin reservas fumar la pipa de la paz e iniciar una etapa de cooperación. ¿Qué va a suceder con los pleitos que en estos momentos protagonizan las dos organizaciones en los juzgados? Unos pleitos originados por la expulsión de los grovenses de Opmega y complicados aún más por una sentencia que anulaba esa expulsión y que volvía a convertir a los mecos, en teoría, en socios de pleno derecho de la central. Al respecto de ese tema, Francisco Dios es hermético: «Temos aínda uns asuntos que pechar e de momento non se pode avanzar nada». Sobre esa cuestión arroja más luz lo ocurrido en la asamblea de Amegrove, que según diversas fuentes -ayer fue imposible recabar la opinión del presidente Francisco Padín- acordó el viernes solicitar su salida formal de la central -en la práctica son entidades independientes desde hace tiempo- junto con la devolución del aval. Sin embargo, la separación será amistosa, ya que los grovenses parecen dispuestos a no reclamar daños y perjuicios. Los tiempos del «Prestige» Es evidente, por tanto, que las dos organizaciones están dispuestas a hacer borrón y cuenta nueva. Y esa concordia podría extenderse pronto al resto del sector, ya que Francisco Dios señalaba ayer que «a miña man está tendida a todo o mundo. Opmega é a primeira organización do sector, pero sen as demais non é nada. E as demais tampouco son nada sen Opmega. Temos que entender iso», explicaba ayer el presidente de la central. A continuación puso un ejemplo claro: «Temos que recuperar o espíritu do Prestige. Daquela non había barcos de Opmega, nen de Amegrove, nen de ningunha outra central. Eran barcos bateeiros que saían a plantarlle cara ao chapapote. Así debería ser sempre».