Así calificó Javier Gago, flamante presidente de la Autoridad Portuaria, el proyecto artístico que desde hace apenas un mes ha comenzado a tomar cuerpo en el muro que sirve de cierre al Puerto de Vilagarcía. Quince artistas y cuatro asociaciones se pusieron manos a la obra, nunca mejor dicho, y su trabajo comienza ya a poder ser admirado. La nómina es amplia: Xurxo Alonso, Joam Berride, Olalla Buceta, Daniel Iglesias, Uxío López, Vítor Mejuto, Xandre Otero, José Luiz Oubiña, Anxo Pastor, Edmundo Paz, Xan Paz, Guillermo Pedrosa, Juan Carlos Platis, Marta Rial y Víctor Rúa son los protagonistas en primera persona. Junto a ellos, la imaginación de las asociaciones Con Eles, Bata, Cáritas y Lar.
Trescientos metros de largo y alrededor de dos de alto es el espacio que se ha destinado a esta iniciativa. Desde luego, la idea no parece mala y convertir un muro en un lienzo es algo muy loable. El problema llega con el cuidado de ese «patrimonio artístico», como lo calificó Joaquín Gago. Por un extraño efecto imán, a los animales con un bote de espray en la mano este tipo de cosas les suelen atraer y no tardan mucho en dejar su impronta. La actuación de Platis en la fachada del edificio de la antigua Ferretería Sobrino, polémicas con Patrimonio aparte, es un buen ejemplo. Algún grafitero iluminado firmó ya su estupidez en plena fachada.
El gran precedente en Vilagarcía de una actuación de similar calado fue la que se intentó en A Baldosa y en Valentín Viqueira. Aquella actuación, que pronto cumplirá quince años, levantó entonces mucha polvareda. Hubo polémica por las obras, hubo polémica por el cambio de look de la zona de vinos por excelencia y todo para apenas una década después pasar al olvido. De aquellas obras, firmadas algunas por varios artistas que ahora repiten en el muro del puerto, apenas quedan vestigios. Muchas de ellas fueron devoradas por las terrazas que transformaron, asimismo, una zona de chiquiteo en una agrupación de mesas y sillas que forman un jeroglífico complicado de sortear en pleno verano. Aunque para jeroglífico el «No» «más», «diferente» «que» «igual» «es», o algo por el estilo, que únicamente debió estar en su orden original el día de la inauguración. En realidad, el paso del tiempo ha hecho justicia a la que realmente caló el sentido de la iniciativa: que el ciudadano comparta y disfrute de la obra del artista. Para los que no entendemos de estas cosas, el Peletre de Xan Paz siempre fue nuestra preferida. Incluso la frase que lo acompaña «É un xogo» trasluce la intención. Pena que el mantenimiento no hubiera sido incluido en la intención de los que dieron por buena la idea de llevar a los artistas a dejar su obra al alcance de todos. Hasta de los vándalos.