Durán impone su ley: prohibido reír

Bea Costa
Bea Costa VILAGARCÍA

AROUSA

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19 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Alfonso Leiro comprobó ayer lo caro que puede resultar sonreír en un pleno de Vilanova. El director La Caixa de Vilagarcía y hermano de la portavoz del BNG en Vilanova era una de las seis personas que asistieron como público a la madrugadora sesión. Era el primer pleno de su hermana y él y otros familiares no quisieron perdérselo. Pero sólo estuvo diez minutos. A las 9.10 horas vio como se le acercaba un agente de la policía local para expulsarlo de la sala. ¿El motivo? Haberse reído por lo bajo después de que Durán espetase a la oposición que había constituido la junta de gobierno el día anterior y por decreto. Para sorpresa de los presentes Durán le dijo a Manuel Alfonso que abandonara la sala. «¿Yo, por qué?», le preguntó perplejo. El alcalde no se molestó en darle una explicación, ni falta que le hace. Él es el presidente de la corporación y la ley le confiere el derecho a dirigirla como considere oportuno. Y lo que suele considerar Gonzalo Durán es el ordeno y mando. Eran los diez primeros minutos del primer pleno del mandato -el del sábado era de protocolo y no cabían estridencias- y ya quedó clara cuál va a ser la tónica de las sesiones en los próximos cuatro años. Pese a abordarse una cuestión de tanto calado para el futuro del municipio como es el PXOM, el asunto se ventiló en media hora y en realidad apenas se habló de urbanismo. El vilanovés es el alcalde de la zona que más veces ha expulsado y ha llamado al orden a los miembros de la oposición. Ayer amplió la marca. En cinco minutos hizo dos llamadas al orden a los ediles del BNG tan sólo por tratar de contestar sus alusiones y sin mediar ni insultos ni subidas de tono. Pero Durán no suele dejar alargar el debate ni permite interrupciones. «Vaia rematando xa pasaron dous minutos» o «si interviene ahora la pongo fuera» son advertencias que se volvieron a oír en la sala. De modo que la oposición casi siempre se queda con las ganas de hablar. A no ser, claro, que los que intervengan sean los concejales del PP -Rey Fontán no se cortaba un pelo- o secunden el discurso del alcalde, como ocurrió en el pleno del campo de fútbol.