Los hosteleros también comen

La Voz

AROUSA

FOTOS: MARTINA MISER

Decía hace un par de días un conocido que en Galicia se bebe mucho. No se basaba en ninguna encuesta, sino en la impresión que le producen los habituales paseos que se da por tabernas, bares y locales similares de esos que tanto abundan por aquí. Probablemente sea cierta la sed eterna del paisano galaico, pero de lo que sí tenemos pruebas es que en Cambados si hay que comer se come. Veinticinco platos distintos durante un par de horas degustaron los miembros de la asociación de hosteleros cambadesa que preside Esther Daporta. No era por una apuesta. El motivo de tan pantagruélica reunión fue la demostración que una de las mayores firmas de productos alimenticios del mundo realizó a los asociados cambadeses. En realidad, el dato de los veinticinco platos no asustaría a más de uno -el compañero que escribe a mi lado se zampó una vez diecisiete, todos de mejillón, en una de esas fiestas gastronómicas que tanto se estilan y a la que acudió de jurado-, pero lo que daba un realce a la cifra es que empezaron a la hora de la siesta. Y más de uno ya se habría hecho su xantar familiar probablemente. «Floral, cítrico y maravilloso». Así describe Howard G. Goldberg, especialista en vinos del New York Times, el Martín Códax 2006. De hecho, el albariño está de modo entre los estadounidenses y las exportaciones hacia el país de Bush superaron el millón de litros el año pasado. Antes de ayer vimos imágenes de marines americanos bebiendo sangre de cobra en una de las muchas guerras en las que están metidos. Cuando regresen y prueben una copa del elixir de las Rías Baixas van a flipar, pero de verdad. Antes de ayer comenzó la muestra de teatro infantil en el auditorio de A Xuventude con la actuación de niños del centro de Corvillón que pusieron en escena A visita do inspector. Ellos abrieron escena, pero después actuaron los miembros del Obradoiro del CEP Antonio Magariños, con A princesa que bocexaba a todas horas, y la agrupación musical del Magariños con O son do ar. Ayer fue el turno del colegio infantil A Pastora, que actuó poniendo en escena A pulga e o piollo, y del colegio de San Tomé que puso el punto y final a la muestra con la interpretación de A galiña azul, una adaptación del cuento de Carlos Casares. Los nervios le jugaron una mala pasada a los jóvenes actores, que declamaron a toda velocidad. Eso sí, los aplausos del final fueron del todo justos para alumnos y profesores.