ENTRE LÍNEAS | O |
18 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.FUMAR es malo. Obstruye las arterias, quema los pulmones, provoca mal aliento, empeora las resacas tras las noches de marcha, pulveriza el corazón y machaca el bolsillo. Por todas estas razones, yo dejé de fumar hace ya cuatro años. No he vuelto, porque los habanos a los que me invitan los buenos amigos no cuentan. Pero fumar también ensucia. Sí, como lo oyen. Reconozco que mientras fui fumador -en ocasiones verdaderamente empedernido- jamás me di cuenta de lo guarros que somos los fumadores. Y digo somos porque un fumador, como un alcohólico o un drogadicto, nunca deja de serlo. Simplemente no consume. Tirar las colillas al suelo es un acto tan cotidiano como asqueroso e incivilizado. Una vez, un tipo con el que estaba conversando sobre el mal estado en el que están a veces los parques infantiles terminó la frase y tiró el pitillo a la arena. La misma arena en la que su hija y la mía jugaban con cubos, palas y rastrillos. Disimulé como pude mi incredulidad y pensé para mí que el mundo no tiene ni arreglo ni futuro.