ENTRE LÍNEAS | O |
07 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.TODO lo que tiene un día está discriminado, olvidado, apartado o maltratado. El medio ambiente, por ejemplo. Tiene su día, pero todo el mundo pasa de él. Es una pose. El sida, tiene su día, pero ni la Onu ni los países desarrollados hacen nada mientras los millones de infectados en los países pobres mueren por no poder pagar los carísimos tratamientos en manos de las farmacéuticas. La bicicleta también tiene su día, pero salvo contadas excepciones y menos ese día, la tropa sigue cogiendo el coche hasta para ir al cuarto de baño. Por ello, ¿qué sentido tiene que la mujer trabajadora tenga un día? Ninguno. No es más que la constatación de que, a pesar de los pesares, la mujer, sea o no trabajadora, sigue discriminada. En lugar de inventarse días chorras, lo que habría que hacer es regular por ley que hombres y mujeres cobren lo mismo por hacer el mismo trabajo. Lo del día de la mujer trabajadora me ofende y eso que soy un hombre. Y mucho más si es para hacer exposiciones sobre los trabajos en macramé o punto de cruz de nuestras madres y abuelas.