ENTRE LÍNEAS | O |
05 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.DE UN TIEMPO a esta parte al personal le ha dado por cantar. Primero fueron los karaoke, luego el rollo aquel de Operación Triunfo y pasada aquella euforia de la Rosa y el Bisbal hemos entrado en un punto en el que haces un poco de zapping y siempre hay un canal en el que un desconocido canta. Me paso este fin de semana viendo Tele Salnés. De repente, una chica joven, vestida con dudoso gusto, destrozaba una canción en inglés que en su boca era prácticamente irreconocible. Una de esas baladillas blandengues que entusiasman a los adolescentes y que sirven para que las jovencitas sueñen con el primer amor. Por supuesto, aquella chica no tenía ni el más mínimo talento cantando, pero tampoco tenía ni pajolera idea de inglés, por lo que el resultado fue terrible. Para aderezar el desastre, el tipo que le hacía los coros soltaba unos gallos que ni en el corral de mi tía. Un espectáculo terrible. Pavoroso. Y sin embargo, habría gente mirando aquello. Y no por morbo y mala leche, como yo, sino porque les gusta. Está claro, vivimos en un país de cantantes.