Un meco en el centro de la tierra

La Voz R.E. | VILAGARCÍA

AROUSA

Reportaje | Deportes alternativos En Galicia, los espeleólogos son aves extrañas: sólo hay 200 federados. Entre ellos figura un grovense, Francisco Manuel Lorenzo, que ha sido nominado a los premios del deporte meco

17 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

? Francisco Manuel Lorenzo, un grovense de 42 años, la noticia de que había sido nominado para recibir uno de los premios del deporte que cada año entrega el Ayuntamiento lo cogió totalmente desprevenido. «Hombre, soy el único espeleólogo de O Grove, pero no soy ningún profesional», cuenta. Profesional o no, su nombre figura en la lista de posibles premiados en la categoría de «deportes alternativos». Se verá las caras con una domadora de caballos, gimnastas, surferos, campeones infantiles de natación, pescadores y la Dorna Meca. Francisco Manuel ha logrado colarse en ese listado porque su empeño en la práctica de la espeleología supone «unha loita consigo mesmo e contra dos elementos». El espeleólogo no parece darle tanta importancia a su afición a meterse en grutas y bajar a profundos pozos. Fue hace 14 años cuando unos amigos le metieron el hormiguillo en el cuerpo: se fueron de excursión a Mondoñedo y allí, como buen grovense y como buen turista, se adentró en la cueva del Rei Centolo. La experiencia le gustó tanto que pronto se le quedaron pequeñas las cuevas que existen en Galicia: en el Courel, en O Barco, en Ponferrada... «Para hacer cosas más grandes ya hay que salir: a Asturias y en general a la cordillera cantábrica. Y si lo que quieres ver son cuevas de yeso, pues a Almería». Y es que la espeleología es «un poco de todo. Es turismo, es deporte, es paisaje». Con 14 años sumergiéndose en las entrañas de la tierra -Francisco Manuel Lorenzo ha bajado a profundidades de hasta 300 metros y dice que no es nada: «Hay gente que baja a mil metros sin despeinarse»-, el espeleólogo grovense se ha encontrado en situaciones de todo tipo. El peor trago a la botella de las experiencias lo dio hace unos años, cuando un bloque de piedra «le machacó los tendones de una pierna a un compañero». «Afortunadamente estábamos cerca de la entrada y, gracias al empeño que puso , lo pudimos sacar sin que tuviese que venir el equipo de socorro». Y es que si algo se aprende haciendo espeleología es que «hay que andar con cuidado». «No voy a negar que este es un deporte que entraña cierto riesgo. Pero si tomas precauciones no tiene por que pasar nada». Esas precauciones van desde el no entrar en ningún lugar «sin haber avisado para que sepan donde buscarte si es preciso», hasta llevar el material necesario para manejarse en el interior de las cuevas. Fundamental es, también, no adentrase solo en un lugar desconocido. Esa osadía, recuerda, la acaban de pagar con sus vidas los turistas que se introdujeron en una cueva volcánica de Tenerife. «Nunca se puede olvidar que es fundamental tener información de los sitios en los que te vas a meter y estar con gente que sepa». Así se puede escapar de mil apuros, como el que se experimenta cuando una cueva se convierte en un laberinto. «Si mantienes la calma y llevas brújula no pasa nada. Vas a acabar saliendo. Y si no, siempre tienes la tranquilidad de saber que fuera hay un equipo de rescate que va a ir a por ti».